Pese a las numerosas críticas que ha recibido la secuela de ‘Sexo en Nueva York’, el final ha logrado dar en el clavo
Cuatro años y tres temporadas después —o, mejor dicho, 27 años, dos series y dos películas después— hemos dicho adiós al universo de Sexo en Nueva York. Esta vez la despedida parece definitiva, tras una secuela que recuperó a Carrie, Miranda y Charlotte para mostrar sus vidas en la gran ciudad una década después de su última aparición (Samantha quedó fuera, como es sabido, por la mala relación entre las actrices). Michael Patrick King, creador y showrunner de esta serie —amada, odiada y éxito de audiencia para HBO Max—, anunció hace dos semanas en redes sociales que esta temporada sería el cierre definitivo de la historia y de sus protagonistas. Una «decisión creativa» que se mantuvo en secreto para no empañar con un aire fúnebre el lanzamiento de los nuevos episodios.
Internet se volvió loco: muchos detestaban And Just Like That…, pero les resultaba imposible abandonar a Carrie y compañía.
A continuación spoilers del final de And Just Like That…
Cabe dudar de que esta decisión haya sido 100% creativa: quedan varias tramas sin cerrar y el episodio final no tiene la forma de una despedida definitiva, sino de un cierre de temporada. Tal vez HBO haya ordenado empaquetar. Sin embargo, un final de este tipo es lo mejor que le podía pasar a And Just Like That…, porque permite una «despedida» en lo cotidiano. Desde sus inicios, la serie adquirió una personalidad única y eterna al tratar la vida diaria de sus personajes. Era imposible aburrirse con ella, porque lo más emocionante eran, precisamente, los recitales escolares o los paseos de amigas por Central Park, que resultaban ser tan adictivos como las intrigas palaciegas de reinos de fantasía o los entramados empresariales con rivalidades familiares de por medio.
Precisamente por ese elemento fundamental de cotidianeidad, nosotros nos despedimos mientras ellos siguen con sus vidas. Miranda avanza en su relación con Joy y se prepara para afrontar la inminente paternidad de Brady. Charlotte continúa disfrutando de su vida soñada junto a su familia, con Harry ya recuperado. Lisa acompaña a Herbert a superar el bache de la derrota electoral. Seema se abre al amor y los cambios que implica compartir la vida con alguien. Anthony y Giuseppe celebran su matrimonio.
Lo hacen, además, en un capítulo que es puro And Just Like That… en momentos como la cena de acción de gracias en casa de Miranda (para bien y para mal; sí, el «gag» del WC estaba de más). Y, al mismo tiempo, es puro Sexo en Nueva York con el desfile de moda, el «retorno sexual» de Harry y, por supuesto, la icónica intro sonando en los créditos finales.

¿Y Carrie? ¿Cómo acaba Carrie? Soltera. Soltera y feliz.
Tal vez vuelva a encontrar el amor. Es muy probable que se acueste con más hombres. Pero ya no lo hará desde la desesperación de quien cree que el amor es la única respuesta a la felicidad o el sentido de vida. Ahora, se tiene a sí misma.
Este es el final más justo, el que Carrie merecía: descubrir que su vida no giraba en torno a los hombres que perseguía, sino en torno a ella misma. Sin embargo, a juzgar por las encendidas reacciones en redes, se trata de un desenlace demasiado atrevido para quienes hubieran preferido verla con alguien insoportable y manipulador como Aidan (y como Big), o incluso con un Duncan al que apenas acababa de conocer.

And Just Like That se ha esforzado quizá demasiado por adaptarse al siglo XXI, moviéndose entre lo gracioso y lo hortera, y tomando más de una decisión cuestionable. Aun así, lo hemos acompañado con nuestro apoyo y fidelidad, porque los errores son humanos y forman parte de la vida. Y And Just Like That es, en esencia, eso: la vida misma. Echaremos de menos a Carrie, a Miranda, a Charlotte y a al resto del grupo, pero nos despedimos con una sonrisa, sabiendo que ellos siguen adelante mientras nosotros hacemos lo mismo. Quién sabe, tal vez dentro de 20 años volvamos a ver las mejores amigas de la gran ciudad charlando sobre hombres seniles y pastillas para el dolor mientras juegan al dominó en una residencia. Y lo veríamos encantados. Hasta entonces, nos tenemos a nosotros mismos. Como Carrie.