Una mujer emprende en la actualidad un viaje accidental en el tiempo que le traerá de vuelta a 1989, año en que no era más que una joven y despreocupada estudiante de C.O.U para reencontrarse con su antiguo grupo de amistades. Este pequeño desastre temporal dará pie a una trama fantástica pero a la vez tan real, nostálgica y evocadora, que mezclará coreografía y escenografía cuidada con mimo en todos sus detalles, convertidos en el hilo conductor para despertar esa chispa del recuerdo en los corazones de los más mayores, que volverán a vibrar con una época que marcó su infancia, adolescencia o juventud.
Los años 80 fueron, sin lugar a dudas, la era de las chaquetas de cuero, las melenas, tupés y cardados que marcaron completamente a toda una generación de jóvenes que, ahora algo más mayores, recuerdan con mucho cariño aquellos tiempos de oro. La década de 1980 en España trajo consigo toda una nueva moda musical inspirada por grandes artistas internacionales pioneros como David Bowie, The Cure, Madonna, The Bangles o Wham! y otros tantos como Hombres G, Raphael o Joaquín Sabina, que se convirtieron en la banda sonora que acompañaría durante toda la juventud los sentimientos y las relaciones humanas que por entonces, eso dicen, se vivían en la más absoluta de las libertades e inocencia. Una era milagrosa que sirvió de puente entre una vida vista desde los ojos de lo analógico, donde el Tetris era la flor y nata de los videojuegos y tener un radiocasete era el pan de cada día, y la llegada de las revolucionarias nuevas tecnologías, que cambiaron radicalmente la forma de comunicarse de los adolescentes.
Barcelona se convierte en testigo de la magia de esta época en un entretenido y apasionado musical que mezcla la estética yuppie con visos de historia fantástica, viajes en el tiempo, fuerzas sobrenaturales al estilo de Stranger Things, y locuras adolescentes por igual. Enrollados en el tiempo es la obra nacida de la mente de Carlos Salas, fanático y amante de una era dorada para la cultura, cuyas fiestas ochenteras ya son legendarias en las tardes y noches barcelonesas. Bajo la dirección del argentino Dario Jaenisch, y con la producción de Yolanda Puga Producciones y WOD Producciones, la historia trae de vuelta más de treinta canciones convertidas en emblemas de época, vestuarios que deslumbran cargados de neones y lentejuelas, chupas de cuero, melenas, faldas de cuadros y pantalones de campana. El elenco de artistas que constituirá la cuadrilla protagonista lo componen Adriana Carpi, Ailana Soria, Gerard Mora, Joeey Amaya, Óscar Manau, Susana Azuar, Tony Martínez y Vanessa Muñoz. Además de las voces de estos artistas y actores, la función también cuenta con el acompañamiento musical original de la vocalista Irene Chao, Pablo Sánchez a la guitarra, el batería David Carcelén y Carlos Ródenas dándole caña al bajo.
El pasado 1 de marzo, ha sido la fecha de estreno de la obra musical, con una notable acogida en el público y una crítica enfocada sobre todo en el enorme mimo y la calidad del trabajo de equipo humano realizado por los artistas que ha motivado a la continuidad del proyecto a lo largo del mes. Enrollados en el tiempo se podrá seguir viendo, viviendo, escuchando, sintiendo y respirando los próximos días 8, 9 y 29 de marzo, en el teatro Sala Calassanç de Barcelona. Ideal para los fanáticos de los años 80 y todo el legado, especialmente el musical, que dejaron y que sigue conmoviendo a niños, adolescentes, adultos y ancianos por igual.
La nostalgia de toda una generación recogida en el puño de un guion apasionado
«La idea del musical nace durante el confinamiento», confiesa Carlos Salas, el guionista detrás de la historia que se cuenta en Enrollados en el tiempo. Su experiencia como DJ de fiestas ochenteras, mezclado con la cantidad de tiempo libre habido durante el confinamiento, le trajeron la inspiración para construir una trama escrita en solo dos semanas a la que luego dedicó tiempo para pulir, revisar, refinar y ampliar hasta transformarla en una oda apasionada a una época que él mismo define como «una fiesta para brindar por la vida».
Los personajes que impregnan y nutren de vida la obra recuerdan bastante a esos antiguos compañeros de clase de EGB que el escritor tuvo en su juventud, un reflejo de los muchos jóvenes que vivieron aquellos años y mantuvieron, algunos más otros menos, grupitos de amigos, de colegas, de parejas, de amantes de la vida, de adoradores de la música, de historias escolares apasionadas, juegos de recreo y alguna que otra borrachera para el recuerdo. Uno de los personajes del guion Ainhoa (Susana Azuar), la fuerza positiva y enérgica del elenco, está inspirado en una amiga de Carlos Salas del mismo nombre que falleció en 2017 y a la que ha querido dedicar este homenaje en forma de telón, música, danza e interpretación. «Era la única amiga de la escuela con la que aún mantenía contacto», recuerda.
Le siguen otros caracteres escritos con mucha humanidad y acierto para poner en marcha esa rueda de la nostalgia de una era que cada vez se aleja más de nosotros: el optimista y presumido Edgar (Óscar Manua), marcado por su miedo a la vejez y a descubrir su verdadera sexualidad; Isabel (Adriana Carpi), preocupada por todos menos por sí misma; Sara (Ailana Soria), la inconformista romántica crónica; el apasionado y principesco Agustín (Gerard Mora); el despistado Carlos (Joeey Amaya); Simón (Tony Martínez), padre de Edgar, un improvisador vitalista absoluto preocupado por el bienestar de su hijo; y Leonor (Vanessa Muñoz), la profesora de instituto, fracasada en la vida en busca de una mejor situación vital.
La producción musical cuenta con más de treinta canciones de la época en directo, enfocadas sobre todo en el panorama melódico español. Algunos de los temas escogidos son Sevilla y Amante Bandido, de Miguel Bosé, además de Venezia, de Hombres G, entre otros grandes temas que dejaron huella en toda una generación. «Hay quince coreografías ensayadas y otras canciones cuyos bailes hemos improvisado para los artistas y el director.»
Una época digna de no ser olvidada
«En aquella época no había tantas normas, o eso recuerdo yo. Había mucha más atención plena a las cosas que sucedían a tu alrededor», recuerda el creador del musical. Y es que era aquel un momento donde los smartphones aún no habían llegado para marcar un cambio radical en la forma de relacionarse de los jóvenes. También evoca la enorme alegría que producía por entonces, cuando la música en streaming aún era un sueño en pañales, el descubrir nuevas canciones, comprar los discos de un artista favorito, tenerlos en mano, y escuchar sus melodías sin parar en un radiocasete.
La verdad es que, incluso para quienes no vivimos en el alocado ambiente ochentero, algunas ideas, ya sea contadas de primera mano o vividas a través de internet, nos traen la imagen de unos años 80, sin temor a la idealización, que se nos asemejan a un oasis temporal de la socialización, del amor y la amistad reales, de la pasión y la buena música. «Entonces, había mucho más contacto directo con las personas, ya fueran conocidas o no» señala el guionista. «Se echan de menos los videoclubs y las tiendas de música. Además, había mucha más diversidad y calidad musical. Con tanto avance en muchos aspectos, hemos retrocedido en otros».
Sin lugar a dudas, Enrollados en el tiempo no es una simple historia de estudiantes ochenteros e ilusos en busca de su lugar en el mundo. Es una ficción que mezcla un poco la pasión adolescente que ha quedado atrás mezclada con situaciones típicas tiernas y fantásticas, que sabe despertar la nostalgia de una juventud perdida mezclada con interpretación y tonos musicales convertidos en el leitmotiv de toda una ficción original, no solo centrada en las bondades de un tiempo, sino también en el hálito humano, la viva emoción que impregnó la década de 1980.
Esto es lo que quiere lograr, a grandes rasgos, Enrollados en el tiempo: traducir al bello arte del canto y la música una era tan fantástica como fueron los años 80, y que, como muchos se empeñan en repetir, inspiraron la cultura popular actual. Y ante todo, dirigirla a cualquier sector de edad, desde los aquejados por la morriña de tiempos pasados, las melenas, los tupés y abrigos de cuero «guapetes» estilo Michael Jackson, las que una vez fueron chicas aficionadas al rock-pop, a los cardados a lo Whitney Houston, a los romances escolares y a las faldas de cuadros, hasta llegar a los más jóvenes, a los niños, a los que llegaron al mundo mucho después, a aquellos que amen las historias y la cultura de épocas pasadas, etc. Todos ellos encontrarán aquí una trama y un acompañamiento melódico fusionado con coreografías que conquistarán a cualquier persona sin importar la época en que nació.