Laura Cuesta es periodista y profesora adjunta de la Universidad Camilo José Celá en Madrid. Su trayectoria profesional actualmente consiste en la especialización en pedagogía digital.
En una sociedad en la que las nuevas tecnologías han pasado a ser el punto principal y motor del mundo, Laura Cuesta se dedica a la difusión de contenidos que pretenden instruir en la alfabetización digital, dedicación que toma forma en su blog Educación Digital para Familias.
Laura Cuesta publicó en septiembre de 2023 ‘Crecer con Pantallas’, un libro en el que pretende enseñar a los pequeños de la casa cómo hacer uso y disfrute de la tecnología de una forma segura y saludable. Su objetivo es el de enseñar a los padres y madres, educadores o personas con menores a su cargo cómo deben educar a sus hijos e hijas para que los dispositivos tecnológicos, tan en boga hoy en día, se conviertan en útiles herramientas y se puedan emplear dentro de una seguridad y unos límites saludables. Este mes de septiembre, Laura Cuesta ha publicado la guía digital ‘Conectados’, en la que enseña a los padres a gestionar la compra y configuración del primer móvil del niño o la niña.

No es lo mismo un móvil sin conexión a internet que un smartphone. Cada dispositivo tiene unas características y es apropiado para diferentes perfiles y edades.
Pregunta: Lo primero de todo, nos gustaría conocer qué es lo que cree que aportará ‘Conectados’ a los padres y madres que se asomen a sus páginas.
Respuesta – El objetivo de este segundo libro ha sido hacer un material mucho más fácil y accesible a todos aquellos padres y madres que se encuentran en ese momento en el que o bien no están seguros de si es el momento ideal para que sus hijos e hijas tengan el primer dispositivo móvil, o ya lo han decidido y creen que tienen la edad adecuada para que puedan recibir su primer móvil, y tienen dudas sobre qué modelo elegir o cómo llevar a cabo ese proceso. Hoy en día se oye siempre un debate a nivel social y político sobre si se deben prohibir los móviles a ciertas edades, si son adecuados o no para los menores. Muchas veces nos centramos sólo en el término «móvil», cuando hay diferentes tipos de dispositivos. En el primer capítulo les explico a los padres qué es un móvil, y qué tipo de dispositivos móviles pueden elegir en función de las necesidades de la familia. Porque una cosa es un móvil sin conexión a internet (un móvil tonto), útil para las familias que quieran conectar o llamar a sus hijos para saber si han llegado bien a casa o a la extraescolar a la que tienen que ir, y otra cosa es un móvil con internet, un smartphone. Cada dispositivo tiene unas características y es apropiado para perfiles diferentes de niño y adecuado para diferentes edades también.
P: Los temas que aborda en sus libros son más que relevante en una sociedad en la que las tasas de adicciones y trastornos relacionados con el uso de los dispositivos van en aumento. Una de las cosas que más llaman la atención es lo mucho que vivimos envueltos en una especia de burbuja digital. Sales a la calle y ves a la gente con un móvil de la mano. En lugar de optar por hablar con las personas que se tienen en frente, se tira mucho más de tomar el móvil y vagar por la red. ¿Hasta qué punto cree que los teléfonos están creando una sociedad de personas dependientes y cómo puede combatir desde la educación el abuso del móvil?
R: Es una realidad, y por ello, tenemos que educar a nuestros alumnos para el buen uso de estos dispositivos. Hay que enseñarles que son una herramienta más, como puede ser una tableta o un portátil, para que realmente puedan ayudarles a comunicarse, a socializar, también, como no, a entretenerse, pero también a informarse y a educarse. Al final, mediante la educación, la formación, la adquisición de competencias digitales y el proceso de alfabetización digital, se puede hacer que entiendan que llega un momento en el que nosotros somos los que tenemos que controlar el dispositivo, y que no el dispositivo nos controle a nosotros. Es una herramienta y hay que utilizarla solo cuando sea necesario.
Nada tiene que ver el uso de un smartphone en las aulas que el uso de tecnologías digitales aplicadas en las aulas para ampliar el aprendizaje de una materia, aunque no deberían ser sustitutivas de las herramientas analógicas que siguen utilizando los docentes
P: En relación con las escuelas, los institutos y los centros educativos hay una cosa muy interesante y es que el sistema educativo está cada vez más digitalizado, y es importante saber dar unas claves a los estudiantes para que sepan hacer un uso responsable del móvil. Pero también existe, por así decirlo, una limitación en su uso, ¿qué opina de que se prohíba su uso en las aulas a la par que se promueve su utilización en todo tipo de actividades?
R: Hay que diferenciar. El uso del móvil, prácticamente en casi todas las comunidades autónomas está controlado, pero hay centros que lo habían regulado desde antes. Una cosa es el dispositivo personal del alumnado, el móvil, que es lo que está regulado: ahora mismo en infantil y primaria no está permitido el uso de dispositivos móviles en el centro escolar ni en horario lectivo, mientras que en secundaria solo se podrá utilizar en alguna actividad o en alguna tarea siempre que el equipo docente lo considere, porque tiene un objetivo pedagógico. Otra cosa es la tecnología digital educativa, que son programas, aplicaciones, sistemas como la robótica, la programación, la Inteligencia Artificial, la Realidad Aumentada o la Realidad Mixta, una cantidad de tecnología digital que nos va a ayudar en el aprendizaje del alumnado y el aumento de la motivación para aprender en ciertas materias. No tiene nada que ver el uso de un smartphone en las aulas, que el uso de tecnologías digitales que se aplican en las aulas para ampliar el aprendizaje de una materia, aunque no deberían ser sustitutivas de las herramientas analógicas que siguen utilizando los docentes (libros, carpetas, cuadernos, fichas de lectura, etc.). Hagamos bien esa distinción de móviles y tecnologías digitales.
P: Un apunte interesante es que, a medida que los estudiantes van avanzando en su carrera y pasan al bachillerato, a la carrera o a un grado medio se encuentran que la mayor parte del contenido que utilizan es básicamente digital. Del instituto a la universidad hay un cambio de lo analógico a lo digital impresionante. ¿Cómo les enseñaría a los jóvenes que es importante prepararse y adquirir competencias digitales en el plano educativo porque es, básicamente, lo que les aguarda en su futuro académico?
R: Ya estamos obligados por ley a formar en competencias digitales desde infantil hasta bachillerato, para que el alumnado adquiera esas competencias, que no solamente van a ser técnicas, para que sepan manejar esos dispositivos, para que sepan crear contenidos digitales y audiovisuales, sino también herramientas y competencias emocionales para poder enfrentarse a contenidos inapropiados o ilícitos en la red, para que sepan lo que es la «netiqueta», para que sepan luchar contra la desinformación y los sesgos, o en el manejo de herramientas emergentes como la IA. Todo eso es en lo que se están formando los docentes para poder enseñar al alumnado. Cuando yo recibo los alumnos en primero de carrera, ya doy por entendido que vienen con esas competencias adquiridas, porque efectivamente en la universidad, toda la metodología que empleamos es digital.
El problema ya no es que las familias no conozcan lo que es el ciberacoso y por eso no estén educando bien a sus hijos con respecto a la tecnología, sino que hay que saber educar en valores para que los niños pongan en práctica el cuidado y el respeto en el entorno físico para llevarlo al digital.
P: Hay otro tema interesante que viene de la mano de la alfabetización digital y es comprender hasta que punto, ya más allá de los colegios, los padres y las madres están concienciados en la necesidad de esta alfabetización digital en los jóvenes? Un ejemplo de que no está siendo así al cien por ciento es que los casos de ciberacoso se dan entre los 10 y los 17 años, edades realmente tempranas. ¿Por qué surge este descontrol en el uso de los dispositivos en la mayor parte de los jóvenes, y qué podrían hacer más allá de los centros educativos los padres para aliviar esta situación?
R: No es causalidad. No es causa-efecto. No hay ciberacoso porque se utilicen dispositivos móviles. El acoso o bullying ha existido siempre en los colegios. Durante décadas y por desgracia. Lo que pasa ahora es que la tecnología sirve de amplificador de ese acoso o de ese bullying, que hace que ese acoso no termine a las cinco de la tarde, sino que esos niños que están siendo acosados sigan siendo acosados a través de la tecnología durante veinticuatro horas al día, siete días a la semana. El problema ya no es que las familias se impliquen o no se impliquen y que no conozcan lo que es el ciberacoso y por eso no estén educando bien a sus hijos con respecto a la tecnología, sino que esto va de educación en valores. Yo tengo que educar a mis hijos en el respeto a sus iguales y en por qué tienen que ser niños o niñas empáticos y saber cuidar a sus compañeros en el entorno físico, para que también lo puedan poner en práctica en el entorno digital.
P: Otra cosa bastante relevante que viene de la mano del ciberacoso es considerar que los centros educativos han de disponer de medidas y protocolos para controlar y limitar estos casos de ciberacoso, porque más allá de lo escolar, no cuenta con poder para frenarlo.
R: En principio, cada centro escolar tiene que activar un protocolo. Ya es obligatorio por ley según la LOPIVI (Ley de Protección de la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia), tener un coordinador de bienestar digital en el centro educativo que tiene que activar un protocolo anti-bullying y conocer los casos que se puedan ir dando en el aula, tanto de acoso físico como digital y activar el protocolo, ponerlo en conocimiento del entorno directivo y ponerse en contacto con las familias implicadas, tanto de parte del acosado como del acosador.
¿Estamos preparados? ¿Tenemos el tiempo para informarnos mínimamente en lo que supone acompañarles, en cuanto a poder configurar sus perfiles, saber lo que es la privacidad, saber en qué aplicaciones van a estar, saber poner un control parental?
P: Un punto que también choca bastante de cerca es el uso del móvil como recompensa en lugar de como herramienta. Yo entiendo que haya que darles margen para utilizar el móvil a su disfrute y por y para el ocio, de hecho, si se hace bien, no debería haber mucho problema, hay miles de juegos y aplicaciones creativos, divertidos y estimulantes. Pero, por ejemplo, cuando un padre decide entregar el móvil, o la consola, a su hijo como un incentivo para que coma, o para remitir un llanto o un berrinche, ¿no está activando el centro de recompensa del móvil incluso desde un patrón de conducta negativo?
Laura Cuesta: Esa es la manera en que no tenemos que presentar el móvil a nuestros hijos. En el segundo libro, Conectados, lo que yo explico a los padres es que el móvil no debería ser un regalo, ni el de las navidades ni el de las buenas notas, ni tampoco un castigo. Así estamos creando una ansiedad al menor sobre ese dispositivo. El móvil hay que presentarlo como una herramienta más que ponemos a su disposición como puede ser un ordenador o una tableta, para que ellos puedan seguir educándose, informándose o comunicarse con sus compañeros o compañeras. Los expertos sanitarios recomiendan que no utilicemos los dispositivos (da igual que sea un móvil o una tableta o cualquier dispositivo digital) como chupete digital. No sirve para calmar las rabietas, tener a los niños y niñas entretenidos cuando nosotros vamos a un restaurante y poder comer o cenar tranquilos. Tenemos que utilizarlo siempre siendo referentes en el buen uso de la tecnología. Entonces vamos a poner unos límites y unas normas y vamos a enseñarles a que puedan estar conectados algunas horas del día dependiendo de la edad del menor, a veces como tiempo de ocio, a veces para uso educativo, y luego, siempre fomentando el tiempo sin pantallas, el tiempo de «desconexión».
P: Una de las cosas que aborda en su segundo libro es la responsabilidad de los niños con su nuevo móvil. Desde su punto de vista, ¿cuáles son los pasos que cree que toda familia debe dar antes de decidir si comprar un móvil a un niño? ¿Cree que se hace un uso irresponsable por parte tanto de jóvenes como de los padres que están desinformados en esa materia?
R: Lo primero, dos cosas básicas: saber si nosotros como padres estamos preparados y si vamos a tener el tiempo y la capacidad de implicarnos, porque nuestra implicación es fundamental para poder hacer eso que llamamos la mediación parental, vital en este proceso de alfabetización digital, o no tenemos tiempo para esta implicación. Porque lo que no podemos es darles a nuestros hijos cada vez antes la tecnología, que se está dando de media entre los 10,6 años sin ningún tipo de acompañamiento. Hay que preguntarse ¿estamos preparados? ¿Tenemos el tiempo para informarnos mínimamente en lo que supone acompañarles, en cuanto a poder configurar sus perfiles, saber lo que es la privacidad, saber en qué aplicaciones van a estar, saber poner un control parental? Y luego también saber adaptar estas medidas a cómo es el menor, porque quien tiene más de un hijo sabe que cada uno desarrolla y adquiere la madurez y las responsabilidades a una edad diferente. Tenemos que saber cuándo está preparado más o menos nuestro hijo para adquirir nuevas responsabilidades, pero no solo digitales. Si ya con nuestro hijo nos cuesta una batalla que recoja la habitación, que haga los deberes, afrontar el viaje de la responsabilidad digital requiere pensárselo, e incluso retrasar la entrega de ese primer móvil si es necesario.
Un niño que ha visto expuesta su infancia en las redes sociales normalizará que se sobrexponga en la red en el futuro
P: También nos gustaría conocer su opinión respecto al actual incremento de los casos de depresión y malestar entre los jóvenes a consecuencia del uso de las redes sociales. Muchas veces, y es algo que a todos nos llega a pasar, sentimos como si una falta de feedback, un comentario negativo, o simplemente la falta de interés por los contenidos que subimos o lo que compartimos, nos hacen sentir mal, así como la comparación con las cuentas de otras personas. ¿Cómo cree que habría que promover, entre los jóvenes, un adecuado conocimiento de las redes sociales para, por así decirlo, evitar que “desconecten” de esta realidad y no fundamenten su bienestar en lo que ven o dejan de ver a través de las redes?
R: Lo fundamental por supuesto es no permitir que los menores de edad estén en redes sociales como están. A veces vemos a niños de 6, 7, 8 y 9 años en redes sociales como TikTok cuando ya sabemos que por ley no pueden estar antes de los catorce años. Entonces, como padres, debemos mantenernos firmes en eso y no abrirles perfiles a nuestros hijos en redes sociales antes de la edad permitida mínimo por la plataforma y ya siguiendo las pautas del Reglamento General de Protección de Datos. Luego tenemos que prepararlos para los contenidos que se ven en las redes sociales, y para que estén prevenidos para ellos, no porque sean ilícitos, sino porque son inapropiados y les pueden afectar a nivel emocional. En casa debemos fomentar la autoestima de estos adolescentes. Cuanto más fomentemos su autoestima y su valía y que entiendan que lo que más vale es la belleza real suya y no lo que van a encontrar en las redes sociales, que proporcionan imágenes y vídeos manipulados, maquetados y filtrados, más entenderán que estos contenidos les tienen que afectar, porque ni todas las vidas son perfectas, ni todo el mundo está siempre de viaje, o tiene esas casas, coches, cuerpos y caras maravillosos como vemos a través de las redes sociales. Los adultos lo entendemos, porque ya tenemos cierta madurez, pero los adolescentes no.
P: Existen muchísimos casos en los que los padres son los que exponen a sus hijos en las redes sociales, ¿qué opina que se difunda la imagen del menor en las redes sociales? ¿no se dará el caso en que el niño vaya a normalizar el uso de las redes sociales y las integre en su vida mucho más pronto?
R: Sin querer ni mucho menos enjuiciar lo que hacen los padres y las madres, porque cada persona tiene sus circunstancias, yo sí que intento hacer reflexionar a las familias sobre los riesgos que tiene el sharengting. Vemos muchas fotografías de vacaciones inundando las redes sociales, que muestran a niños y niñas en piscinas y playas, y ya no solo que esté el niño o no con ropa, no se sabe dónde esas imágenes pueden acabar, porque luego muchos perfiles como los pederastas, emplean esas fotografías con fines ilícitos e ilegales.
Además, un niño que haya visto expuesta su infancia en las redes sociales va a normalizar que se sobrexponga en la red. Niños más introvertidos o tímidos pueden sentirse perjudicados a nivel emocional o ser víctimas de bullying ellos mismos en el colegio cuando sean más mayores sólo porque sus compañeros puedan acceder a esas imágenes de toda su infancia