El pasado 22 de septiembre La Oreja de Van Gogh lo tocó en el Movistar Arena de Madrid, una de las paradas más especiales de la gira Tantas cosas que contar y de la nueva etapa de la banda sobre los escenarios.
Abrieron con ‘20 de enero’ y siguieron con ‘Deseos de cosas imposibles’. Con ‘El último vals’ llegó lo que más se comentó de la noche: en el estribillo Amaia Montero cambió la letra y cantó “Cuando todo acabe… y que acabe ya, por favor”. Es difícil no pensar en la campaña publicitaria que Leire Martínez, la exvocalista del grupo, ha protagonizado hace poco. En el anuncio dice que llega un momento en la vida en el que te lanzas “a ir por libre”, y mientras sustituye unas rosas marchitas por unos claveles cuenta que acabas aprendiendo a hacer las cosas a tu manera, “tú solita y sin más manos”. Desde el escenario nadie dijo nada. Cada uno que saque sus propias conclusiones.
Después llegó ‘Nadie como tú’ y luego ‘Soñaré’, un regalo para los fans de toda la vida, porque llevaba casi 25 años sin tocarse en directo. Le siguió ‘La chica del gorro azul’.
Todos los presentes queríamos escuchar los grandes éxitos de siempre, pero también hubo tiempo para lo más reciente, como ‘Todos estamos bailando la última canción’. El resto del bloque fue un repaso de clásicos: ‘Mariposa’, ‘Tan guapa’, ‘La playa’, ‘El 28’, ‘Cuéntame al oído’ y ‘Soledad’.
Con ‘Rosas’ el público enloqueció; era, sin duda, la canción más esperada, y detrás de ella ‘Perdida’, ‘Cuídate’ y ‘París’.
Cerraron con ‘Muñeca de trapo’ y ‘Puedes contar conmigo’. Y ahí quedó, como colofón, un título que en esta noche sonó a algo más que una canción: la banda sigue adelante y, por lo visto, con su gente al lado.