La película, que se estrenará el próximo 4 de octubre, en cines es la nueva apuesta del género dramático con tintes de humor
“Siento no ser la idiota divertida de antes”, se lamentaba Rachel Senott en su nueva película, Antes era divertido, dirigida y guionizada por Ally Pankiw. La película cuenta la historia de Sam Cowell, niñera y cómica caída en desgracia que trata de lidiar con sus problemas mentales. En medio de esta vorágine de sentimientos, la adolescente de la que solía cuidar Sam, Brooke, desaparece y la protagonista deberá conciliar su pasado y su presente para encontrar a Brooke, y a sí misma.
Protagonizada por Rachel Sennott (Shiva Baby, Bottoms) en el papel de Sam Cowell y Olga Petsa (Black Mirror) como Brooke Renner, el filme se estrenará el próximo 4 de octubre en España. En el resto del reparto, cabe destacar las actuaciones especialmente divertidas de Sabrina Jalees y Caleb Hearon como los amigos de Sam, Paige y Philip respectivamente.
Pese a que la película estuviera categorizada como “comedia negra”, estando protagonizada por Sennott yo esperaba más comedia que drama, la verdad -fallo mío supongo-. Y es que la nueva actriz fetiche de la Generación Z nos tiene acostumbrados a papeles divertidos, irónicos y ligeramente problemáticos (en el mejor de los sentidos). Precisamente por eso ha resultado chocante y refrescante al mismo tiempo el cambio de registro que hace la actriz en esta película, dando el salto -y de manera sobresaliente- al género dramático.

Siendo justos, tenía sus puntos cómicos de ingenio woke, pero a mi parecer le faltaba más humor si querían igualar la balanza de lo divertido y lo trágico. Ahora bien, la exploración del trastorno de Sam y la fragilidad que se nos muestra de ella, sin caer en la victimización y la autocompasión, son de lo mejor de la película.
Antes era divertido narra la historia intercalando el pasado y el presente, lo cual funciona para mantener el misterio detrás del TEPT (Trastorno de Estrés Postraumático) de la protagonista, pero puede resultar un poco desconcertante y confuso a la hora de ordenar la trama. Asimismo, el inicio de la película igual se pasaba de introspectivo (hablando en plata, a veces se hacía lenta). Que sí, que el cine indie funciona así y necesita sus pausas y su tiempo para desarrollar a los personajes en un nivel más íntimo, pero aquí, una vez acabamos de conocer a Sam Cowell, nos quedamos estancados durante un rato en la trama.
Ally Pankiw usa el humor para hacer una crítica precisamente al propio humor. Un tema muy actual que trata con delicadeza pero sin pelos en la lengua porque, en la era de la dictadura de la cancelación, el tema de los límites del humor es algo sobre lo que todo el mundo tiene opinión (más o menos funable). Como cualquier persona parte de la generación de cristal, Sam trata de lidiar con su trauma mediante el humor, y al no poder enfrentarlo de esta forma surge la pregunta: ¿y si la vida es esto: algo gris, descafeinado que simplemente no tiene gracia?
Así que, si queréis descubrir la respuesta a esta pregunta, sólo tenéis que ir al cine a ver Antes era divertido. Eso sí, haceros el cuerpo, que entre broma y broma la verdad asoma.