La nueva película de Icíar Bollaín es una historia de la que no se habla demasiado, pero con la que podemos entender la sociedad de antes y también cómo vamos avanzando poco a poco

Hace ya tres años se estrenó en Netflix una serie documental que contaba la misma historia. Sin embargo, ahora Icíar Bollaín la traslada al cine, mostrándola primero en el Festival de San Sebastián. Escribe esta película junto a Isa Campo y se rodea de un elenco extraordinario, donde el peso recae en sus dos protagonistas, Mireia Oriol y Urko Olazabal.

La historia narra la vida de Nevenka Fernández, concejala de Hacienda en el Ayuntamiento de Ponferrada, desde que entra en el ayuntamiento, su posterior marcha y lo sucedido después. La directora busca mostrarnos el infierno que vivió Nevenka, como ya hizo con Te doy mis ojos y su protagonista.

Soy Nevenka, dividida en tres partes muy diferenciadas por la forma en la que Bollaín las dirige, va escalando en todos los sentidos. Con una dirección sencilla, que no busca alterar de ninguna forma la historia, deja a sus actores protagonistas trabajar y hacerse con la película.

Comparada con Te doy mis ojos, esta película es menos arriesgada estilísticamente. Presenta una puesta en escena sencilla y serena, que evita perderse en movimientos de cámara bruscos o exagerados. Sin embargo, tanto en esta como en el resto de las películas de la directora, Bollaín busca ceder espacio a los actores para que se expresen y nos cuenten la historia a través de una gran actuación.

Aunque hay tramos en los que la dirección se usa para transmitir, de cierta manera, los sentimientos de la protagonista, en ningún momento es algo que la directora priorice. No tenemos momentos estéticos como el de la película Maixabel y el coche que pasa por sitios donde ha habido atentados, pero sí contamos con un reparto excepcional.

A medida que avanza la película, los actores van creciendo en sus papeles, hasta dejarnos con una actuación emotiva y fantástica de Mireia Oriol, y con un Urko espeluznante y contenido, que va mostrando poco a poco quién es realmente.

Sin ninguna duda, se trata de una película hecha para la actriz y el actor, pero que también sirve para contarnos una historia que podría haber quedado en el olvido y que es necesario recuperar. Es un reflejo de la época en la que transcurre, que no fue hace tantos años, y nos sirve para hacer autocrítica y aprender.

Aunque no luzca técnicamente, la película va creciendo poco a poco también en ese aspecto. Cabe destacar que la directora logra transmitirnos muy bien la angustia de la protagonista, mostrándonos todo con pequeños detalles que explican cómo la protagonista llega a ese punto. Controla muy bien la emoción y el terror psicológico que nos transmite a través de Nevenka.

Quizá no sea la mejor película de Bollaín, pero sí es una película necesaria, y cualquier persona que piense que puede aburrirse se sorprenderá al verse inmersa en el micromundo del Ayuntamiento de Ponferrada.

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