Con una propuesta sencilla e interesante, la película presenta una historia de terror que, lamentablemente, termina cayendo en los mismos clichés de siempre. Es poco original y repetitiva, por lo que podría no merecer la pena para según qué tipos de audiencia
Bagman narra la historia de un hombre que regresa al pueblo donde creció pero debe enfrentarse a una pesadilla del pasado. Se trata de la historia que su padre le contaba sobre el hombre del saco, a quien ahora cree ver intentando llevarse a su hija. Tendrá que hacer frente a sus miedos.
La dirección está a cargo de Colm McCarthy, cuya carrera incluye varios episodios de exitosas series como Peaky Blinders, Black Mirror y Sherlock. Lo acompaña el guionista debutante John Hulme. El protagonista es Sam Claffin (Los juegos del hambre, Antes de ti), junto con Antonia Thomas, Steven Cree y William Hope.

Aunque la trama puede captar nuestra atención en algunos momentos, no deja de parecer un producto falto de recursos, con constantes escenas de terror repetitivas que no hacen avanzar la historia. Los momentos de terror están bien logrados, pero no aportan nada, salvo en el desenlace. Un punto a favor es que no tiene un inicio demasiado largo, y que la historia de terror comienza de inmediato.
Lo mejor de la película es la estética y el diseño del monstruo, así como toda la mitología que lo rodea. La idea de tener un objeto importante para ti, siempre a tu lado, da un toque interesante a la pequeña trama sobre los traumas y las inseguridades del protagonista. Todo lo relacionado con el monstruo y su historia es uno de los motivos principales por los que la película destaca.
Sin embargo, tanto el guion como algunas actuaciones resultan demasiado artificiales y forzadas, lo que en algunos momentos puede desconectar de la película al espectador. Aun así, si se deja llevar por la historia de terror y no espera algo demasiado profundo, creo que puede ser disfrutable para muchas personas, e incluso divertida debido al uso de los clichés.
La estética es lo mejor de la película: el micromundo del villano, la zona de la mina… Todo eso brilla, pero habría ganado más fuerza con un mejor guion. Podría haber sido una gran historia de folk horror, pero el guion la convierte en una película convencional y repetitiva que no aporta mucho al género.
La recomendaría solo a quienes sean un gran fan del género de terror, o para pasar un buen rato en la butaca con esas escenas que rozan lo ridículo, como cuando el protagonista recuerda algo y se queda mirando al frente con «cara de intenso». Más allá de esos momentos, que al menos generan algo, no es una buena película de terror, especialmente en un año lleno de grandes obras dentro del género.