Ryûsuke Hamaguchi, estrena su nueva película tras el éxito de ‘Drive my car’. El director que se caracteriza por unos diálogos extensos y muy bien escritos, apuesta por el silencio y los ruidos del bosque
El mal no existe cuenta la historia de una región a las afueras de Tokio, donde un grupo de habitantes tienen que hacer frente a la creación de un «glamping» (un camping de lujo). Muy dedicados a la conversación del bosque, el grupo intentará que la empresa haga las cosas de la mejor forma posible para no estropearlo.
La película es una oda a la naturaleza, durante todo el inicio de la película; con pocos diálogos y muchas escenas bellas y sencillas, el director nos mete en el mundo de los habitantes de la zona. Mostrándonos la vida simple y tranquila en la que viven. Para luego, ponerlo en contraste con lo que la empresa quiere hacer.
Hamaguchi deja su escritura de diálogos para centrarse en la belleza del bosque y transmitirnos lo que sus habitantes sienten y viven. Lo cual termina convergiendo en el inicio del segundo acto con una escena brillante, donde la empresa va a hablar con ellos sobre la implementación del glamping.
Protagonizada por un reparto no profesional que habían trabajado detrás de cámaras, se adentran todos en un bosque a través de unas actuaciones serenas y contenidas en las que muchas veces, por ejemplo, no sabes que están pensando. El director llena de misticismo el bosque y a sus personajes que lo enfatiza con su actuación, sobre todo, el protagonista al que da vida Hitoshi Omika.
Una mezcla de belleza absorbente y calma que, poco a poco, te irá llevando al terreno de aquellos habitantes; hasta sentir lo que sienten ellos en ese lugar. Los diálogos son los sonidos del bosque y lo que las personas dicen, sobre todo la empresa, es el ruido y la contaminación.

El director hace un ejercicio de sencillez deslumbrante plantando la cámara en planos fijos, donde los actores se van moviendo en un escenario natural. Dando protagonismo al bosque cambiante y al tiempo frío con la nieve cubriendo. Todo esto acompañado por una maravillosa banda sonora de Eiko Ishibashi (Drive my car y La espada del inmortal) que te arropará para que sientas más la calma del bosque.
Además, El mal no existe tiene una maravillosa fotografía que consigue alcanzar la perfección visual del largometraje. Es un relato de belleza que oculta un oscuro secreto, donde la simpleza se termina convirtiendo en un puzle que el espectador tendrá que desentrañar; aunque sin ninguna opinión acertada o errónea.
Un ejercicio de madurez formal en el que Hamaguchi deja los diálogos a un lado y propone una película lenta, en la que parece que no está pasando nada durante la primera y última parte de la película. Una historia para pasar un rato de calma y de adentrarse en una historia que nos dejará una incógnita.
La película busca que el espectador se deje llevar por las imágenes para hacerle sentir que está viviendo en ese lugar y así entender la historia de los habitantes. Un juego de sencillez que, por su tempo pausado, podría cansar a algunos espectadores. Pero, una vez pasa la primera barrera y te dejas llevar, entras en una experiencia increíble.