La mítica banda madrileña de pop-rock cierra su gira «40 años y seguimos empezando» ante más de 15.000 personas, en la primera de sus dos noches en el Wizink Center de Madrid
Un pasillo de TVE fue el escenario en el que David Summers (voz y bajo) y Javier Molina (batería) conocieron a Rafa Gutiérrez (guitarra). Poco después, David le pidió a Rafa que se uniera al grupo que había formado con el guitarrista Dani Mezquita y Javier. Así y ajenos a la locura de la Movida Madrileña surge en 1983 Hombres G.
40 años después han demostrado que cuatro décadas no son nada y que a la vez lo son todo. En 2023 se cumplen 40 años de una música atemporal que ha traspasado fronteras y generaciones. Canciones que han marcado la juventud y la madurez de una generación que sigue cantando los himnos que Hombres G ha regalado a lo largo de estas cuatro décadas.
Para celebrar más de media vida dedicada a la música, David y compañía anunciaron la gira «40 años y seguimos empezando», un tour que ha recorrido 18 ciudades españolas y que ha colgado el cartel de sold out en 15 de ellas. Madrid, la ciudad que los vio crecer, tenía que ser la última parada y, tras vender todas las entradas tres meses antes del concierto, el día había llegado. Con la luna sobre el cielo de la capital, el Palacio de los Deportes no solo acogía a padres y abuelos, también a hijos y nietos que han heredado la pasión por la banda madrileña. Porque la esencia de Hombres G es su música imperecedera y transgeneracional.
Las luces se apagaron y en las pantallas se proyectaron vídeos de presentadores de televisión dando paso a la banda durante sus inicios: un viaje por los años 80 desde Un, dos, tres hasta Si lo sé, no vengo. El escenario recreaba un pequeño bar y sobre él se subió Javier para hacer la intro de su primer éxito: Venezia fue la encargada de dar la bienvenida a una fiesta que acababa de empezar. Tras un comienzo insuperable, David se presentó ante 15.000 miradas de admiración: «Os vamos a contar nuestras vidas a través de nuestras canciones, lo vamos a pasar de puta madre».
Si el concierto había empezado fuerte, continuó in crescendo con otro de sus temas más exitosos, El ataque de las chicas cocodrilo, símbolo del fenómeno fan y una prueba de la locura que levantaban los cuatro jóvenes entre las mujeres. Durante esta primera parte le siguieron los míticos Solo otra vez, Lawrence de Arabia, Vuelve a mí e Indiana, que desató la locura entre el público. Sin embargo, un inicio tan apoteósico necesitaba un descanso, y no solo para la banda, también para un público que no paró de cantar y bailar durante todo el concierto.
Como si fuera un augurio, Voy a pasármelo bien (el lema del concierto) inauguró una segunda parte en la que se incorporó una banda de instrumentos de viento y un nuevo escenario formado por grandes pantallas led. Después de Nassau llegó Suéltate el pelo y con ello una lluvia de sujetadores. El concierto continuó como si de un viaje hacia los 80 se tratara. Canciones como Mujer de bandera, Chico tienes que cuidarte, Un par de palabras o Si no te tengo a ti revolucionaron a un público que no dejaban cantar a David, quien rendido a ellos tocaba emocionado el bajo mientras las voces del público resonaban en el Wizink Center.
«Es difícil asimilar que después de 40 años sigamos sintiendo vuestro apoyo y cariño. Toda nuestra vida hemos hecho canciones para haceros felices y que cantéis con nosotros» confesó David antes de dedicar Me siento bien a las 15.000 almas que más de una hora después seguían vibrando al ritmo de Hombres G. Para cerrar la segunda parte, David quiso dedicar Te quiero a las chicas de Madrid, «las más guapas del mundo». También confesó que es una de sus canciones más bonitas y especiales.
Tras otro breve descanso, los cuatro volvieron a subirse al escenario y con ellos una orquesta de instrumentos de cuerda. El concierto continuó con Esta es tu vida, Te necesito, Qué soy yo para ti y Lo noto. Después llegó el momento de La esquina del Rowland, la canción que da nombre a su último disco y una de las más especiales porque hace referencia al bar Rowland, la cuna de Hombres G: «Todo comenzó en un bar donde soñábamos con nuestra música. Donde nos emborrachábamos y nos enamorábamos por primera vez».
El concierto estaba llegando a su fin. Así lo anunciaba Marta tiene un marcapasos, otra de las canciones más icónicas de la banda. Los primeros acordes revolucionaron al público y la euforia estalló en el recinto. Dos minutos de una canción que 15.000 personas anhelaban que fuera eterna. Pero todo llega a su fin, o eso intentó hacer creer Hombres G después de irse del escenario sin despedirse y haciéndose de rogar. Mientras, el público los vitoreaba y cantaban al unísono el estribillo de Devuélveme a mi chica.
Cinco minutos después, los cuatro regresan al escenario para cantar Temblando. Durante tres minutos el recinto se iluminó con miles de linternas de un público que prefirió guardar este recuerdo en su memoria y no en su teléfono móvil. Terminada la canción, David presentó al resto de músicos sobre el escenario y dio paso a la siguiente canción, Visite nuestro bar, un tema que hace referencia al bar Rowland y que dedicó a «todos los borrachos aquí presentes». En cuestión de minutos, los espectadores pasaron de llorar con Temblando a gastar la energía que aún les quedaba en bailar este homenaje al bar Rowland.
Ahora sí, dos horas y veinte minutos después el concierto iba a terminar. Es difícil resumir 40 años de carrera musical en 27 canciones. Uno no sabe por dónde empezar, pero lo que estaba claro es cómo debía terminar. Devuélveme a mi chica (o Sufre mamón) no solo es la canción estrella de Hombres G, es el himno de una generación que hoy iba acompañada por sus hijos. Una canción capaz de unir a todas las generaciones, la banda sonora del público allí presente y que esperaban con ansia este momento, aunque significara el final del concierto. Devuélveme a mi chica ponía la guinda a uno de los conciertos más especiales de Hombres G: «Nos lo hemos pasado de puta madre. Muchísimas gracias chicos, os queremos. Hasta siempre»
El concierto del jueves fue la primera de las dos noches consecutivas de Hombres G en el Palacio de los Deportes. De esta forma, Madrid pone el broche final a un tour que conmemora cuatro décadas de una banda que ha demostrado ser inmortal y joven para siempre. 40 años que pueden parecer mucho, pero que no significan nada cuando dejas un legado que será eterno.