Han pasado ya cuatro décadas desde que Hayao Miyazaki hizo mirar hacia arriba para buscar la mítica Laputa. Para celebrar este 40.º aniversario, Vértigo Films nos ha dado una alegría inmensa. A partir del próximo 15 de mayo, el público podrá volver a disfrutar de ‘El castillo en el cielo’ en la gran pantalla.
Más allá de la nostalgia, conviene recordar el peso histórico de El castillo en el cielo. No es solo un clásico de culto, sino la verdadera carta de presentación de Studio Ghibli.
Fue su primer largometraje oficial tras su fundación en 1985 y sentó las bases de buena parte de su identidad posterior: una animación artesanal y detallista, la obsesión de Hayao Miyazaki por los artefactos voladores de estética steampunk y un trasfondo pacifista constante en su filmografía.

Quienes crecieron con la película seguramente tienen grabada en la memoria la escena inicial donde Sheeta cae del cielo, suspendida gracias a su misterioso collar brillante, hasta aterrizar en los brazos de Pazu. Juntos se embarcan en la búsqueda de una antigua fortaleza flotante, mientras huyen del ejército y de una banda de piratas aéreos, liderada por la gruñona abuela Dola.
Lo más sorprendente hoy es que El castillo en el cielo parece inmune al paso del tiempo. En un contexto de carteleras saturadas de 3D y efectos digitales, la experiencia de apagar el móvil y sumergirse en la oscuridad de la sala para contemplar sus fondos pintados a mano es un verdadero logro.
La magia no estará completa sin la música de Joe Hisaishi. Sus melodías melancólicas, escuchadas en una sala de cine, son un privilegio, ya que su música es historia viva del cine.

Además, este reestreno global llega en un momento especialmente oportuno. Studio Ghibli atraviesa un nuevo reconocimiento internacional tras reafirmar su posición como referente de la animación mundial, después de haber obtenido recientemente su segundo premio Oscar por El chico y la garza (el primero fue para El viaje de Chihiro).
En su momento, medios como The New York Times o Variety la definieron como una «aventura de calidad extraordinaria», capaz de capturar la pura sensación del descubrimiento. Esa valoración se mantiene vigente. Ya sea por el deseo de revivir ese asombro infantil o por descubrirla por primera vez, el reestreno del 15 de mayo se presenta como una oportunidad ideal.