La cinta de Ridley Scott no está convenciendo, pero su baja calidad no es por el rigor histórico del que tanto se habla

A Napoleón no le está yendo mal en taquilla, pero la recepción no está siendo la que cabría esperar. En Rotten Tomatoes tiene una calificación baja por parte tanto de crítica como de público, y en redes sociales se ha generado un intenso debate sobre el filme.

Dicho debate gira en torno a la falta del rigor histórico de la película que han destacado muchos expertos tan solo con los avances, señalando por ejemplo que Napoleón no disparó a las pirámides o que no estuvo presente en la ejecución de María Antonieta.

Pero no nos engañemos: el rigor histórico no es el verdadero problema de Napoleón. La exactitud y precisión milimétricas acerca de ciertos hechos históricos es imposible en el cine y la televisión si se quiere lograr un proyecto artístico único, y es algo que se sabe desde siempre y que todo el mundo acepta. Hay unas reglas mínimas y a la vez muchas licencias que con razón se toman los autores.

No hay mejor ejemplo que el de The Crown, serie que lleva desde su cuarta temporada (la primera en la que apareció Lady Di) recibiendo críticas por su falta de rigor histórico. Esa misma cuarta temporada ganó 7 Emmys incluyendo el de mejor serie de drama. Y en cuanto a cine, este mismo año hemos presenciado el éxito avasallador de otro biopic histórico que también se toma sus licencias: Oppenheimer.

Napoleón es mala, sí, pero no por el rigor histórico.

Para empezar, la narrativa es desastrosa. Es sabido que el montaje original dura 4 horas y se ha quedado en dos horas y media, y todo apunta a que eso ha afectado sobremanera. El montaje de Napoleón es terrible: avanza a trompicones, con cortes bruscos y elipsis temporales que descolocan al espectador, y sin profundizar en nada. La trama política en torno a su ascenso queda reducida a escenas sueltas de conversaciones en despachos.

No importa que Napoleón no disparase a las pirámides, lo que importa es que a la campaña de Egipto se le dediquen escasos minutos y que parezca metido con calzador, sin que haya un contexto previo o posterior. Como casi todas las escenas de la película; salvo hacia el final, dónde más o menos se endereza el asunto. Y eso en cuanto a las cosas que salen, porque la lucha contra España que supuso el comienzo de su fin, ni se menciona. Y el exilio en la isla de Elba, si pestañeas te lo pierdes.

Así es imposible meterte en la historia, que enganche y que te tenga al borde del asiento. Y algunas escenas de batalla técnicamente espectaculares no pueden cargar con el peso de hacer a la película verdaderamente épica y emocionante. Menos aún si les acompaña una BSO insulsa.

Vanessa Kirby y Joaquin Phoenix en Napoleón

Quizá estos errores desaparezcan con una versión extendida, quizás no. Lo que no parece tener arreglo es la caracterización de Napoleón. Ni rastro de un emperador que tuvo a Europa a sus pies. En su lugar, un hombrecillo asustadizo y patético, que te hace preguntarte cómo es posible que alcanzara el status que llegó a tener. No solo en cuanto a la historia real, sino en la propia película cuando intentan mostrarle de manera amenazadora, poderosa o fríamente calculadora en las batallas.

Tampoco sale muy bien parada Josefina (pese al esfuerzo de Vanessa Kirby), a la que el propio Scott ha dado mucho bombo asegurando que iba a explorar la fascinación de Napoleón por ella. Luego resulta que solamente la vemos rendida a su hombre en todos los sentidos.

No sirve de nada preparar una producción de dimensiones colosales y desplegar batallas visualmente muy potentes (y que se ven engrandecidas por la experiencia cinematográfica) para luego contar la historia de la manera más mediocre posible. Igual que no sirve de nada fichar a Joaquin Phoenix y a Vanessa Kirby si luego no les das buen material con el que trabajar. Todo esto es lo que realmente lastra a Napoleón, no el rigor histórico, y lo que hace que la película sea una de las mayores decepciones del año.

Por Sergio Vega Calderón

Estudiante de Cuarto año Periodismo y Comunicación Audiovisual en la UC3M (Getafe, Madrid). Fanático del cine y las series.

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