Casi una década después de ‘Ocho apellidos vascos’, aparecemos en Marruecos, con una historia nueva y personajes desconocidos, para tratar el racismo que existe en España
El próximo viernes se estrena en cines Ocho apellidos marroquís, que al igual que sus hermanas Ocho apellidos vascos (2014) y Ocho apellidos catalanes (2015), reflexiona sobre el choque de culturas, y la importancia de la familia. Una década después, Telecinco Cinema junto con LAZONA, Pris&Batty y Toto Films AIE, con la participación de Mediaset España, Movistar Plus+ y Mediterráneo Mediaset España Group, nos traen esta nueva entrega, la cual parte desde Santander, aterrizando en Marruecos. Esta, no es una continuación de sus antecesoras, aquí no veremos a Rafa, Amaia o Koldo, es una historia nueva, pero sigue manteniendo la esencia de esta trilogía, la comedia, el racismo y los tópicos españoles.
La película comienza con la muerte de José María, un respetado y amado padre de familia, dueño de una gran empresa ‘española’, que pidió como su última voluntad que recuperarán el ‘Sardinete‘, el primer pesquero de su flota, anclado en un puerto marroquí. Tras su funeral, Carmen (Elena Irureta), su mujer, junto con su hija Begoña (Michelle Jenner) deciden poner rumbo a Marruecos, pero ¿Cómo dos mujeres iban a irse solas hasta Marruecos? Alimentadas por sus propios prejuicios, se incorpora a este viaje Guillermo (Julián López), el exnovio de Begoña, quien está desesperado por recuperar su amor, llegando a hacer lo imposible por recuperarla. Lo que no esperaban al llegar era descubrir el gran secreto de José María: Hamida (María Ramos), su otra hija.
Por primera vez en la trilogía, esta entrega sale de España, para abarcar un tema mucho más serio: el racismo que existe en España hacia Marruecos, aunque seguirán manteniendo los tópicos españoles. Los protagonistas son lo que actualmente se conocen como ‘Cayetanos‘, santanderinos repletos de banderitas de España, ‘fachalecos’ y náuticos; quienes, cargados de prejuicios, se adentran en un país desconocido, hacia el cual sienten mucha aprensión. Se convertirán ellos en los forasteros, serán ellos los que sean discriminados, y vivirán en su propia piel sus juicios erróneos.
En la película se verá que los prejuicios son recíprocos, ya que para los marroquíes, España es un país muy extremista religiosamente- haciendo alusión a la Semana Santa-, en el que solo se preocupan por la paella y las hipotecas. Siguiendo con estos tópicos españoles, propios de estas entregas, introducen la guerra del norte, por su procedencia santanderina, el norte bueno, no como los vascos. En base a este humor, existen continuos chistes de ‘cuñados de derechas‘, y pullas hacia al Gobierno, por las subvenciones, las «paguitas» y los okupas.
La película abarca muchos temas, pero el principal es la importancia de la familia. Durante todo el largometraje Carmen -la madre- educa y enseña a su hija Begoña que, aunque ella sea la más mayor, es la que tiene la mente más abierta, y la que primero se anima a vivir nuevas experiencias. Esto te hace reflexionar acerca de las nuevas generaciones, siendo las más prejuiciosas y receptivas a otras culturas. Evidentemente la película es una exageración de la realidad, pero se basa en el día a día, sin apenas diferencias con la cotidianidad.
Está película nos cuenta el viaje de esta familia, real y figuradamente, quienes pasan de ser los que critican a ser lo que criticaban, destacando escenas y planos donde se observa un carácter irónico, como si fuera un espejo, entre su comienzo y su final. Ellos consiguen librarse de sus prejuicios, pero a su vuelta España, esta se mantiene igual. Esperemos que está película consiga educar a los espectadores como lo hizo el viaje a Marruecos de los protagonistas.