Pocas personas pueden decir que han cantado con Fito Cabrales. Luis Salido es una de ellas y en esta entrevista cuenta, entre otras cosas, cómo fue el momento en el que el destino le permitió vivir una de sus experiencias más emotivas como cantante callejero

Pasear por Gran Vía puede quitarte la energía: las prisas de los madrileños; la calma de los turistas; tener que esquivar a los captadores de ONG y esperar en los semáforos, que nunca cambian de color, convierten una línea recta en un laberinto del que es difícil salir. Pero la música amansa a las fieras, o eso dicen: para muchos, caminar por Gran Vía es más ameno si hay un músico que regala su talento.

Luis Salido (Montilla, 2001) fue un valiente que durante unas horas sosegaba el bullicio de la capital. Hace dos años llegó a Madrid para continuar sus estudios de ADE, pero sobre todo para lograr su sueño de ser cantante profesional, una meta por la que lleva luchando desde que era pequeño. Para ello, se armó del valor necesario para cantar en la calle y las recompensas no tardaron en llegar: cantar con Fito Cabrales fue una de las más especiales, pero no la única. A raíz de ello fue ganando cierto reconocimiento que le permitió cantar con otros grandes artistas como Los Secretos o Andrés Suárez.

Ya han pasado dos años desde que Luis Salido tomó esa decisión. Sin duda, una de las mejores de su vida. Este año ha sacado sus dos primeros sencillos, «Madrid» y «Amor a primera risa». Ambos cuentan con un millón de visualizaciones en YouTube, triunfan en Latinoamérica y son el comienzo que presagia una exitosa carrera musical. En esta entrevista nos cuenta cómo fue la experiencia de cantar bajo el cielo de Madrid y cómo ha contribuido para iniciar su reciente carrera musical.

PREGUNTA: ¿Cuándo comenzó tu pasión por la música y por cantar?

RESPUESTA: Por suerte siempre he crecido con música, porque mi padre tiene un grupo y siempre he estado desde pequeño en sus conciertos y ensayos. A los 4 años empecé dando clases de música y a los 12 formé mi primera banda. Ahí me di cuenta de que lo que más me gustaba era cantar.

P: Hay un gran paso desde que empiezas a cantar hasta ahora, que ya lanzas tu propia música ¿Cuándo comenzaste a dedicarte a la música profesionalmente?

R: Fue relativamente hace poco. Di mi primer concierto en una fiesta de fin de curso, con 16 años, pero por entonces no lo veía como una meta porque pensaba en terminar la ESO y bachillerato para después estudiar una carrera. Sin embargo, ya en la universidad (hace tres años) decidí que quería hacer mi propia música profesionalmente. Comencé a trabajar con mi manager, quien más me apoyó en este sentido: ‘vamos a probar, que no perdemos nada’.

P: Decidiste dejar atrás Córdoba para venirte a Madrid, donde comenzaste tu carrera como músico ¿Fue duro tomar esa decisión?

R: Fue complicado. Sobre todo cuando tuve que explicar que quería renunciar a lo que tenía en Montilla para continuar con la carrera en Madrid. Le dije a mi padre que quería cambiarme de universidad y probar suerte con la música allí. Afortunadamente, me apoyaron y por eso vivo en Madrid desde hace dos años. También fue complicado porque el mismo septiembre que me mudé, tendría que haberme ido a Turín de Erasmus. Sin embargo, tres meses antes de irme ya no me convencía porque lo que quería era apostar por la música.

P: ¿Por qué decidiste empezar tu aventura en Madrid enchufando el amplificador para cantar en Gran Vía?

R: Porque lo que me gusta es cantar y creo que era la manera más fácil de darme a conocer. Otra gente empieza en micrófonos abiertos, pero eso es una vez a la semana y no hay un público tan amplio como en la calle. Aunque hay que invertir y pedir una licencia, cantar en la calle es una ventana muy grande para darte a conocer, sobre todo para la gente que no conoce los micros abiertos o no les gusta.

Aunque ya no lo hago, me sigue pareciendo increíble que la gente lo haga, porque es un trabajazo enorme. A mí me ha encantado esa experiencia, pero hubo un punto en el que quería dejarlo para centrarme más en conciertos y también coincidió con una normativa que prohibía cantar con amplificador. Yo sentía que ya lo había hecho (cantar en la calle) y no quería alargarlo mucho.

P: Ahora ya sacas tu propia música y trabajas en tu primer disco ¿Qué sientes cuando piensas en que antes solo podías cantar las canciones de otros y ahora tocas tus propias canciones?

R: Es increíble. Ya era alucinante hacer covers de algunos artistas y que ellos me felicitaran, porque desde abajo los endiosamos. Pero es más increíble sacar tus propias canciones y que la gente haga covers de ellas, o que otros cantantes te feliciten por tu música.

P: ¿Cómo es la vida de un artista emergente?

R: Es complicada, porque cuando eres un cantante más famoso tienes una discográfica que te hace casi todo. Especialmente antes, cuando no había tantos artistas al no haber redes sociales en las que darte a conocer. El artista emergente tiene una vida cualquiera, pero tiene que hacer muchas más cosas: componer, producir videoclips, hacer portadas, etc. Todo bajo la presión de que hay mucha gente que también lo va a hacer. Además, aunque las redes sociales ofrecen mayor exposición, también implica una carga de trabajo adicional.

P: Retomando tu época como músico callejero, ¿qué era lo mejor de tocar en la calle?

R: La capacidad de cambiar el día de una persona, alegrar a la gente aunque solo sea por unos minutos: Gente que va con prisa o que ha tenido un mal día, pero se para a escucharte. Eso era lo que más me impresionaba. Está ligado a que no somos conscientes de que cada persona tiene su vida. Cuando vamos caminando y vemos a muchísimas personas no ubicamos que cada persona es independiente. Eso es algo que también me fascina.

P: ¿Cuál es el recuerdo más emotivo que guardas?

R: El día que casualmente canté «Soldadito Marinero» con Fito Cabrales, porque pasaba por allí justo cuando yo estaba tocando. Encima, ese día se dio todo para que no fuera a cantar: Llovía, no estaba teniendo un buen día y había un cumpleaños en mi casa. Sin embargo, eché ganas y fui a cantar a Gran Vía.

A los 15 minutos ocurrió y a nivel profesional y personal supuso un cambio increíble que me hizo pensar en que si pasó es porque tuvo que pasar. Además de lo de Fito, había muchísimas cosas que eran increíbles, como bailar con los niños pequeños cuando paseaban con su familia y se paraban a escucharme.

P: ¿Y qué fue lo peor de cantar en la calle? ¿Tuviste alguna mala experiencia?

R: Afortunadamente no he tenido malas experiencias, lo único malo que destacaría es que te vuelves un poco invisible. Aunque a nivel económico no me podía quejar y además podía alegrarle el día a alguien, al final pasaban miles de personas frente a ti que ni siquiera te miraban y eso frustra. Es curioso, porque hay grandes músicos que han hecho experimentos en los que por el día tocaban en el metro y nadie les hacía caso, pero por la tarde llenaban el teatro más importante de su país.

No es cuestión de lo que vales como cantante, sino que la gente simplemente no te presta atención. Los primeros días me lo tomaba muy personal. Aunque no me ofendía, me preguntaba si lo estaba haciendo mal.

P: ¿Crees que hay prejuicios sobre los artistas callejeros?

R: Totalmente. Cuando conté en mi pueblo que cantaba en la calle les chocó mucho y me veían como un mendigo, cuando solo lo hacía para darme a conocer. Incluso en Madrid la gente me miraba raro o me echaba dinero por pena, cuando realmente yo ganaba muy bien allí y no tenía necesidad. Tras esta experiencia, he hecho cosas interesantes para que la gente aprecie este trabajo y no tenga esos prejuicios. He aportado mi granito de arena.

De hecho, recomiendo tocar en la calle a quien quiera dedicarse a la música. Yo antes tenía vergüenza de subirme al escenario, pero después de tocar en la calle la he perdido toda. La calle es el escenario más fuerte en el que puedes cantar, porque tienes que conseguir que te escuchen. En los escenarios es fácil, porque la gente ya está dispuesta a escucharte.

P: ¿Cómo es la convivencia entre los músicos callejeros?

R: En ocasiones era complicada, pero yo no tuve disputas con nadie porque prefería ceder ante quienes se creían dueños de la calle. También entiendo que si alguien tiene que dedicarse a eso para vivir, hay que ser empático y cederle. La organización era fundamental: nos repartíamos los horarios y donde llegábamos nos poníamos procurando no molestar a nadie. Así lo gestionaba la policía y se cumplía siempre, no había casi ningún problema. Hay mucha más disputa entre músicos del metro, porque es más complicado, sobre todo cuando hay más gente.

P: ¿Qué has aprendido en tu época callejera que ahora aplicas en tu carrera profesional?

R: Que no hay que tomarse personal que haya gente que no te escucha y que no a todo el mundo le va a gustar lo que haces. Hay que seguir y saber que si en algún momento sientes que no vales, realmente no eres tú el problema. Hay un gran público al que le puede gustar lo que haces, pero hay que trabajar para encontrarlo. Si sientes que a la gente no le gusta lo que haces, es que ese no es el lugar en el que tienes que estar.

P: ¿Cuáles son tus metas profesionales para este 2024?

R: Son muchas, pero sobre todo seguir haciendo lo que hago, que la vida me vaya mejor y “crecer”. De hecho, creo que siempre estamos creciendo porque aunque decaigamos, estaremos más alto que cuando empezamos. Entender esto es fundamental, porque por mucho que bajemos, hemos crecido bastante como para no estar en el punto de inicio. Un objetivo ambicioso es estar nominado a los Grammy. De hecho, fui a la gala de los Grammy Latino en Sevilla, aunque no como nominado.

P: Por último, ¿qué consejo le darías a alguien que quiera empezar a tocar en la calle? ¿Y a un artistas emergente como tú?

R: Aconsejo ser consciente de que hay muchísimas personas que también quieren dedicarse a la música y si te despistas, te quitan el puesto. Por eso debemos dar más del 100% de nosotros. También hay que diferenciarse, ser constante y esforzarse por dar contenido que a la gente le guste, aunque para ello primero tenemos que analizar correctamente qué es lo que gusta. Por último, debemos trabajar duro, pero sobre todo de forma inteligente. Por ejemplo, si quieres destruir una pared, lo lógico es coger un martillo y destruirla en minutos, y no has trabajado muy duro, pero sí de forma inteligente.

Por María S.

Estudiante de periodismo y comunicación audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid.

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