Ida llega a Nueva Orleans en el 16 aniversario de Katrina

El huracán de categoría 4 tocó tierra en la costa estadounidense de Louisiana la pasada tarde, tal y como habían previsto los servicios meteorológicos nacionales. En tan solo pocas horas, la situación en el estado ha pasado a ser catastrófica.

Una fecha fatídica

Tras el anuncio de que un nuevo huracán se acercaba a la zona este del país, la agitación entre los habitantes de Louisiana fue en aumento. A la inquietud que conlleva la llegada de tal fenómeno natural, llegando a causar grandes estragos, se le unía el recuerdo de una tragedia anterior llamada Katrina que había tenido lugar, precisamente, en esas mismas fechas, dieciséis años atrás. Este huracán fue devastador para el estado, inundando prácticamente la ciudad de Nueva Orleans en su totalidad y acabando con la vida de casi dos mil habitantes.

Durante años, el estado de Louisiana ha estado luchando para recuperarse de este duro golpe y de sus consecuencias económicas y humanitarias. Una de las principales medidas de prevención fue la construcción de barreras anti-inundaciones con un sistema de diques que comportó un coste de 14,5 billones de dólares. Este sistema, uno de los mayores llevados a cabo con dinero público del mundo, debería bastar para reducir el riesgo de inundación pero, como ocurre en estos casos, es imposible garantizar su efectividad al completo.

La administración de Joe Biden declaró el estado de emergencia, imponiendo medidas preventivas. Por una parte, la mayoría de los negocios tuvieron que cerrar sus puertas a partir del sábado y los vuelos a la ciudad de Nueva Orleans se cancelaron para instar a los ciudadanos a permanecer en sus hogares. Por otra parte, el presidente envió efectivos de emergencia, grandes cantidades de agua potable, alimentos y generadores eléctricos a la región.

La llegada de Ida, minuto a minuto

La mañana del domingo, Ida tocó suelo estadounidense en Port Fourchon. Al desplazarse hacia el interior con vientos de 140 km/h, los expertos constataron que estaba reduciendo su intensidad, si bien esta noticia no es del todo positiva puesto que las tormentas con menos movimiento tienden a provocar daños mayores.

Las consecuencias, desgraciadamente, no tardaron en manifestarse. A mediados de la tarde,400 000 hogares se habían quedado sin suministro eléctrico y los fuertes vientos ocasionaron el abatimiento de árboles y tejados, pudiendo incluso desplazar un ferry en el río Mississipi.

Nueve horas después, la reducción de velocidad del viento supuso que Ida dejase de ser un huracán para pasar a ser considerada una tormenta de categoría 2. La cifra de personas sin acceso a la electricidad ascendía ya a un millón y las previsiones de la Casa Blanca vaticinaban que harían falta varias semanas para poder recuperarla. Biden declaró entonces la región como zona catastrófica, aportando fondos extraordinarios para labores de rescate y reparación.

Consecuencias del huracán Ida

En estos momentos, Ida ya se ha convertido oficialmente en tormenta de categoría 1, con ráfagas de vientos considerablemente menores, de unos 95km/h, a su paso por Killian.

Huracanes y Covid-19, un problema añadido

Dada la precaria situación en las zonas afectadas por tormentas de tal calibre, uno de los procedimientos habituales consiste en trasladar a los heridos de los hospitales a otros de localidades cercanas que se han visto menos perjudicados.

Sin embargo, Louisiana no ha podido evacuar sus hospitales porque aquellos en los estados vecinos ya se encuentran a la máxima capacidad debido a la crisis sanitaria del coronavirus. Si bien las residencias para mayores y otros centros de atención básica han conseguido evacuarse, es imposible encontrar un lugar en el que acoger los pacientes de grandes hospitales.

Louisiana ya se encontraba en una situación crítica en cuanto a contagios a finales de julio, cuando se detectaban miles de nuevos casos cada día debido a la baja tasa de vacunación. Ahora se enfrentan a un doble reto sin precedentes, con infraestructuras dañadas y carencias de suministro, sin olvidar el riesgo de una nueva catástrofe. Una prueba de que esta crisis sanitaria está afectando nuestras vidas a todos los niveles.

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