Poster Boy

A través de seis canciones que parten de un pop nostálgico, el dúo madrileño-murciano consigue contar una historia de desamor, aislamiento y aceptación de una ausencia.

La noche no tarda en llegar. Es jueves y la ciudad está activa. Las señales luminosas que decoran los portales de los locales del centro de Madrid invitan a los paseantes a entrar para tomar, aunque solo sea, la primera copa de la noche. A nosotras únicamente nos interesa un lugar en concreto.

El espacio es pequeño. Nada más bajar las escaleras, nos encontramos de frente con una barra donde varios asistentes piden las cervezas que requiere el momento. Sin embargo, lo que realmente importa está a la izquierda de la sala. Allí, al fondo, se encuentra un escenario presidido únicamente por una batería y una guitarra.

Nos encontramos en La Realidad, la sala elegida por Poster Boy para presentar su primer EP, Cómo conocí a Poster Boy.

El dúo, formado por Luz Abril (guitarra y voz principal) y María Lázaro (batería), presenta seis canciones que funcionan como carta de presentación y comparten un mismo hilo conductor: el desamor y la melancolía. Con un aire de pop nostálgico, el EP se convierte en una propuesta perfecta para escuchar durante las noches de otoño. 

Estamos ante una historia de rupturas y del proceso de asimilar una ausencia, con todo lo que ello conlleva. El EP habla de llenar huecos, como se menciona en 27, la primera canción del disco; de reconocer aquellas cosas que se quedaron a medias que ya no importan (rodeo); del aislamiento como síntoma del dolor (fomo) y de perderse a una misma (bambú); del desgaste emocional y los mecanismos de defensa (camiseta); y del autosabotaje de querer olvidar a una persona sin encontrar la manera de conseguirlo (motel).

Es un sonido que parece surgir de tu propia habitación, que te invita a esconderte un rato en ella y que nació entre paredes similares a las tuyas. Ellas mismas describen su trabajo como «un refugio y un desahogo emocional». El proyecto empezó a tomar forma en cuartos y espacios íntimos. Visto así, todo encaja. Volvemos a mirar al escenario y descubrimos que no está compuesto únicamente por una batería y una guitarra: también hay lámparas y alfombras. Estamos en una habitación. 

Y la sala será pequeña, pero está a reventar. Entre la multitud reconocemos a cuatro personas, integrantes de dos parejas musicales. En primera fila, Carlotta Cosials y Ana Perrote, de Hinds; un poco más atrás, apoyados en la pared y cerca de la barra, Félix Esteban y Daniel Sabater, del dúo RATA. Fueron estos últimos quienes, al inicio del bolo, empezaron a corear «POSTER BOY, POSTER BOY» hasta conseguir que toda la sala se uniera. Las primeras, por su parte, se encargaron de animar al público a ocupar las primeras filas sin ninguna vergüenza.

No es casualidad que estén esta noche aquí acompañándolas. En el discurso final, las integrantes de Poster Boy les dedican unas palabras de agradecimiento: «Nos habéis ayudado mucho a que estemos aquí; las bandas no existirían sin otras bandas».