Rubén Guindo

Montecarlo 67 fue el gran triunfador de los Premios Fugaz 2026, al conseguir 8 galardones, un récord histórico en el certamen.

Los premios que obtuvo fueron:

  • Mejor Cortometraje
  • Mejor Dirección – Rubén Guindo Nova
  • Mejor Interpretación Masculina – Carlos Santos
  • Mejor Dirección de Producción – Alejandro Viyuela y Samantha Martín
  • Mejor Dirección de Fotografía – Miguel Ezequiel
  • Mejor Dirección de Arte – Gonzalo Muratel
  • Mejor Vestuario – María Gil de Bustamante
  • Mejor Maquillaje y Peluquería – Marta Cuadrado

En esta entrevista Rubén nos cuenta más sobre su proyecto y trayectoria en el cine.

¿Cuándo empezaste en el cine?

Fue en 2018, a raíz de una historia personal muy dura que vive mi hermana pequeña sobre bullying, cuando me atrevo por primera vez a dirigir un corto que se llamó Cómplices (2019), que fue un poco el proyecto que lo cambió todo, por todas las energías que se crearon en ese momento, por la propia historia, por lo que estábamos contando…Tuvo un éxito increíble y a día de hoy se sigue proyectando en cientos de institutos como herramienta pedagógica, que era lo que queríamos hacer desde el primer momento.

A partir de ahí siguió todo lo demás. El segundo corto fue Perder (2023), un corto bastante intenso de nueve minutos de duración, que trataba sobre el tema de la adicción a los móviles de los niños pequeños. Ese recorrido también fue increíble; fuimos candidatos a los Goya hace dos años, estuvimos en un festival calificado para los Oscar en Dinamarca, en 90 festivales, o sea, fue también una locura. Entonces entendí que muchos mensajes podían tener mucho más calado haciéndolos de esta manera.

Entre medias hay un proyecto que se llama 893 kilómetros (2025). Estuvimos en la preselección de los Goya también del año pasado, en los festivales más potentes prácticamente de todo el país. Ahora estamos trabajando en su largometraje.

El cortometraje tiene un problema, en cuanto a que prácticamente toda la preproducción, desarrollo y demás puede llegar a ser bastante parecido al de un largometraje. Porque, por ejemplo, en el caso de Montecarlo 67, han sido tres años y medio de trabajo para sacarlo adelante, que podría ser muy parecido al periodo de un largometraje. Fueron cuatro días de rodaje, una locura, una vorágine total, y cuando te quieres dar cuenta, se ha ido todo. Cuesta mucho llegar a afianzar el equipo técnico, el equipo artístico, y eso es algo que a mí me da un poco de rabia, digamos.

Entonces mi principal razón es sobre todo por poder trabajar con un equipo largo y tendido en un proyecto. Nosotros, por lo menos, desde el primer momento hemos entendido el cine como un arte colaborativo. Yo no hubiera hecho jamás nada, ni hubiera llegado a donde he llegado, si no hubiera sido con todo el equipo que he tenido detrás.

¿Y cómo nace la idea de Montecarlo 67?

Cuando conozco la anécdota de Montecarlo 67 la escucho en un programa de cine, Tarde de Perros, de SensaCine, de Alejandro G. Calvo. La que cuenta la anécdota es la periodista Andrea Bermejo, de Cinemanía. Ella cuenta la historia, la anécdota, muy por encima y, claro, el resto de personas que están ahí en la entrevista flipan un poco, pero rápidamente pasan a otra cosa. Como que no le dan tampoco excesiva importancia a esa anécdota, no se sabía si eso era real, si era mentira, si era un bulo, una leyenda…

Escucho esa anécdota, me vuela la cabeza y esa misma noche, en el hotel, hago el primer boceto de guion imaginándome cómo pudo ser ese encuentro entre Chicho Ibáñez Serrador y Steven Spielberg con ese tema del premio y demás. Busco en internet, encuentro algunos fragmentos de revistas donde hablaban de la anécdota y consigo localizar al hijo de Chicho Ibáñez Serrador. Me dice que sí, que su padre había contado toda la vida esa historia. Empiezo a hablar con gente que podía ser más o menos cercana desde hace un montón de años, gente ya más mayor, y todo el mundo alucinando bastante con la propia historia. Pero yo no me atrevía. Teníamos prácticamente todo el guion escrito, pero todo en base a una leyenda, sin tener nada certero.

Y entonces llego a un acuerdo con Televisión Española para poder hacer un visionado de todo lo que pudiera haber en el archivo de Televisión Española sobre Steven Spielberg, Chicho Ibáñez Serrador, Pilar Miró, Montecarlo 67… a ver si me encontraba algo. Me mandaron archivos con más de 70 horas de duración de todo donde podían aparecer esas palabras o contenido relacionado.

¿Y te lo viste todo?

Me lo tuve que ver todo. Y me sirvió. Me sirvió porque encontré dos entrevistas completas donde Chicho contaba toda la anécdota. Ahí ya cambia todo y decimos: «Vamos a muerte. Tenemos que hacer esto». Porque ya no es algo que nos estemos inventando nosotros; en todo caso, se lo ha inventado Chicho.

En ese momento empezó a crecer todo muchísimo. Hicimos una campaña de crowdfunding que funcionó muy bien, nos metimos cuatro productoras, conseguimos la ayuda de la Comunidad de Madrid y aquí hemos llegado.

Me encanta que cuando una persona tiene un sueño y se propone algo, vaya a muerte. Porque te podrían haber limitado y frenado tantas cosas. Y aun así tú tenías un objetivo y has luchado por él.

Sí. Me parecía que, claro, por un lado, toda la gente que nos intentamos dedicar al cine o a las artes creativas en general vivimos en una montaña rusa de «yo no valgo para esto», «no tengo suficiente arte», «ahora sí», «he hecho esto que gusta», «esto le va a gustar a la gente», «no le va a gustar», «he hecho un proyecto que gusta más, otro que gusta menos…». Estamos todo el rato lidiando con la frustración, de la mejor manera o de la peor manera, cada uno. Y mucha gente se cae por el camino, muchísima gente se cae por el camino.

De esta historia había dos cosas que me hacían mucha gracia. Una era el concepto de: «Si Spielberg tuvo dudas, ¿cómo no las voy a tener yo?» Y luego había otra cosa. Era que, por un lado, era un festival, el de Montecarlo, en el que los dos, Chicho y Spielberg, optaban al mejor guion de cortometraje. Gana Chicho y pierde Spielberg. Es Chicho el que le dice que ha visto su trabajo a Spielberg, que le ha encantado y que no puede dejar el cine. Y claro, eso lo he visto tanto con compañeros y con compañeras que nos hemos tenido que ayudar, apoyar: «Oye, que da igual que no hayas ganado un premio, que tu trabajo es increíble. Si es que no hay espacio para todo».

Me daba pena que había conocido a muchos amigos, compañeros y compañeras que se habían rendido y lo habían dejado, sabiendo que tenían mucho, mucho arte dentro y que podían haber hecho grandes cosas, y que al final la industria les trituró, ¿sabes? O no encontraron su hueco, o no supieron tener a veces esa paciencia que hay que tener. Entonces pensaba: «Pues a lo mejor si hubieran visto este corto en ese momento, a lo mejor ahora estarían aquí».

La gente tiende mucho a distanciarse de aquellos que han logrado grandes cosas, como de los famosos, pero es que son personas al final del día. Somos lo mismo. Entonces me parece también una muy buena forma de acercar al espectador a una figura tan grande como esta. Que, por cierto, muy bien conseguido el maquillaje y todo. ¿Cómo fue el proceso de elegir a los actores?

Pues mira, a Chicho lo tuvimos un poco más claro porque Carlos Santos ya había hecho de Chicho Ibáñez Serrador en el remake que hicieron de Historias para no dormir de Amazon Prime, de 2022 creo. Entonces, en cuanto se lo propusimos, se leyó el guion. Encima, que era mazo de fan de Chicho y de Spielberg, nos dijo que sí.

La figura de Spielberg fue más difícil de conseguir. Para empezar, porque casi todo el mundo del equipo quería que fuera alguien americano. Yo no lo tenía tan claro. No hablo muy bien inglés, como le pasa a Pilar en el corto, y me daba miedo no poder comunicarme con el actor de la mejor manera posible. Entonces dije: «No nos vamos a cerrar a que solo sean actores americanos» «Vamos a abrir un casting».

Se presentó muchísima gente. Hubo tres finalistas, con los tres que tuvimos la última prueba. Para mí, decirles que no a las otras dos personas te puedo asegurar que ha sido uno de los procesos más duros que he vivido en todos estos años de cine.

¿Y qué fue eso que tuvo este actor que ya te hizo decir: «Venga, él va a ser mi Spielberg»?

Pues hay una parte del corto que es como mucho más personal, que es la parte que meto yo un poco más de guion mío. Es la parte del vínculo con la madre. Cuando él le dice que le hubiera gustado dedicarle el premio a la madre y demás, que me parece una parte muy emotiva. Entonces leyeron esa parte y, cuando la leyó él, casi me pongo a llorar. Entonces dije: «Ya está».

Y luego, en el último momento, me encontré de manera casi mágica con Becky Belilla, que fue quien hizo de Pilar Miró. Fue en la lectura de nominaciones del año pasado de los Premios Fugaz, cuando estábamos a un mes y poco de rodar. Ese día no le quise decir nada, pero al día siguiente fundí el teléfono a varios colegas para que me pusieran en contacto con ella. Necesitaba tener una contestación rápida porque grabábamos en tres semanas o por ahí. Lo leyó, le encantó y me dijo que sí. Físicamente también fue un acierto.

Y sobre el propio guion, ¿hasta qué punto es verdad lo que se dice?

Ya aquí no hay límites. Hemos cruzado la barrera todo el rato, porque realmente lo poco que se sabe de la anécdota real es que estaban optando al premio al Mejor Guion de Cortometraje, el premio se lo dan a Chicho y Pilar, y Chicho sale a dar una vuelta y se encuentra en una cabina a Spielberg llorando, hablando por teléfono con su madre, diciéndole que quiere dejar el cine porque a nadie le ha gustado su corto. Ellos se fijan y Chicho cuenta que, cuando se aleja, cuando cuelga la llamada, Chicho se acerca a él para animarle y para decirle que su trabajo es increíble y que no puede dejar el mundo del cine. Esos son los datos que teníamos. Y en base a todo eso nos hemos inventado todo lo demás.

¿Y qué hicimos? Pues, por un lado, intentar darle un poco de toque cómico cuando nos imaginamos que en esa conversación pudo dar fruto a algunas de las futuras películas. Y luego la parte más humana de cómo yo creo que se pudo haber sentido él en ese momento, que es cuando le cuentan lo de la madre y demás. Porque yo he sentido mucha pena en algunos momentos, en algunos premios, porque sabía que mi madre, por ejemplo, estaba muy emocionada con que me fueran a dar un premio y finalmente no me lo han dado. He sentido casi más pena por ella en ese momento, o por el equipo, o por todos, más que por mí mismo.

¿Qué consejo darías a para aquellos que te lean, que te escuchen, que te sigan, que te vean como referente?

A ver, no sé si me puedo considerar referente, ni muchísimo menos. Pero siempre le diría a la gente que no escuche demasiado a los demás y que escuche más su voz interior y su intuición. Y que, si creen que algo merece la pena, que luchen por ello.

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