Luc Knowles llegó a Tetuán hace año y medio. Una noche de verano escuchó sin querer la conversación de dos amigas en la calle: una le contaba a la otra que ella cobraba 450 euros por un trabajo a media jornada y su pareja unos 600, pero que entre los dos apenas podían pagar el alquiler del piso. Sus padres, además, les ayudaban con la compra. Knowles lo escuchó todo y pensó: ahí está la película.
Hugo 24 no es una película de denuncia al uso, de esas que te recuerdan durante hora y media que las cosas están mal. Es algo más incómodo que eso: es una película que te mira a los ojos y te dice que esto le podría pasar a cualquiera. O que ya le está pasando a alguien que conoces.
Hugo tiene 23 años y mañana cumple 24. Vive con su hermana Cris en un piso de alquiler en Madrid. Su padre los abandonó de pequeños, su madre está en la cárcel, y deben varios meses de renta. El casero les da un ultimátum: 24 horas para conseguir el dinero o los echa.
Arón Piper hace de Hugo. Titubeante ante la vida adulta, y completamente creíble cuando todo se desmorona a la vez: ve a su padre con una familia nueva, visita a su madre en prisión, y descubre que su novia Alba se marchará de Madrid en otoño para estudiar su último año de carrera.
La gran revelación del film es Marco Cáceres como Manu, el mejor amigo. Ya lo habíamos visto en La chica de nieve, pero aquí construye un personaje de apoyo con su propia densidad y sus propias grietas. Su química con Piper sostiene los mejores momentos de la película.
Marta Etura como Cris es otro de los aciertos del reparto. La hermana mayor que tuvo que dejar de serlo para convertirse en algo parecido a una madre. Y Greta Fernández, como la novia de Hugo, tiene la difícil tarea de encarnar a alguien que viene de otro mundo —más estable, con un futuro trazado— sin que eso la convierta en un personaje ajeno a todo.
La película llegará a los cines el próximo 15 de mayo.