La obra protagonizada por Claudia Molina, convierte el caos sentimental de una psicóloga de 38 años en una comedia interactiva que ha conquistado al público del Teatro Arlequín.
El amor y mucho match cuenta la historia de Carol, una psicóloga de 38 años cuya vida sentimental es un desastre monumental. Su amiga Mery —que sí encontró el amor en Tinder, la muy afortunada— la convence para descargarse la app. Y ahí empieza todo: monólogo, teatro, musical e interacción con el público, en una propuesta que no es el típico “suba usted al escenario” de rigor, sino algo mucho más fluido e imprevisible.
Lo primero que pensé cuando entré en la sala fue que la escenografía era sencilla —el salón de Carol, cuatro cosas— aquí no hay trampa técnica que valga: o funciona la actriz o no funciona nada. Y Claudia Molina funciona. Vaya si funciona.
Hay algo en ella que engancha desde el minuto uno y que es difícil de explicar sin caer en los tópicos de la crítica teatral. No es solo que sea graciosa (que lo es), es que consigue que uno no sepa muy bien dónde termina Carol y dónde empieza ella. Se cambia de ropa en escena para preparar cada cita y habla con el público como si llevara años haciéndolo.
Lo que más me sorprendió es que el espectáculo funciona igual de bien para alguien que ha pasado horas deslizando perfiles en apps de citas que para alguien que no ha descargado una en su vida. Las situaciones que vive Carol son concretas y reconocibles, pero el fondo —el miedo a la soledad, la necesidad de conexión, la presión de estar siempre disponible en un mundo que no para— es universal. Y encima te lo cuenta riéndose, que es la mejor manera de contarlo.
Por otro lado, Manuel Bartoll es quien le da al espectáculo su dimensión más gamberra. Y aquí está uno de los grandes secretos de la función: Bartoll no interpreta a un personaje, interpreta a todos los ligues de Carol. Rubén, el de 42 años que presume de hacer rabo de toro y dice que está en Tinder porque “tenía que estar”. Gonzalo, el de 35, que ofrece pizza gratis como ventaja competitiva. Damián, el misterioso del pelo rizado y la araña de mascota. Pablo, el físico apasionado de la masa y la aceleración. Luis, el que se autodenomina “en la flor de la vida” y te invita a deslizar arriba. Cada uno es un tipo distinto y Bartoll los borda a todos.

«No me planteaba hacer algo sin música» – Claudia Molina
Hablamos con la actriz protagonista sobre el caos amoroso, el público y la magia de lo imprevisible en escena.
Carol dice que su vida está completamente patas arriba. ¿Qué es lo que más te divierte de interpretar a un personaje tan caótico?
Yo creo que todas las situaciones ridículas que le pasan a Carol. Te puedes sentir muy identificado, riéndote de situaciones tan ridículas y sabiendo que de alguna manera te han pasado. A lo mejor no con aplicaciones de citas, pero sí con otras parejas o con gente que has ido a conocer. Creo que es lo más divertido: que el público cuando viene, aunque no haya utilizado nunca una app de citas, se puede sentir identificado. No por las cosas concretas, sino porque son situaciones cómicas de la vida.
P: A mí me sorprendió que el público es de lo más variado. ¿Cómo lo recibe la gente mayor, la gente de la tercera edad?
Va cambiando su percepción a medida que se va dando el show. Hay mucha gente mayor que viene con el abono teatro y casi no tiene ni idea de lo que va a ver. Al principio se quedan muy sorprendidos por mi descaro —la gente mayor es un poco más prudente—, y ven a este personaje tan descarada, diciendo palabrotas, hablando de sexo, metiéndose con el público. Quizá al principio están pensando: ‘Madre mía, ¿dónde me ha traído mi hija?’ Pero a medida que avanza el espectáculo se relajan y se dan esa oportunidad de disfrutar de una función que a lo mejor no habrían ido a ver por su cuenta. Salen contentos: ha habido mucha gente mayor que nos ha vuelto a ver, y las felicitaciones de después son muy bonitas.
P: El público puede participar e influir en la historia. ¿Hace que cada función sea diferente?
Efectivamente. Por esas pequeñas elecciones, o incluso por el feedback que me da el público cuando bajo a hablar con ellos, puede pasar cualquier cosa. Hay gente que lo da absolutamente todo y se pone a bailar desde el minuto uno, y gente que se resiste hasta que no pasa un rato. Cada función es un mundo: está todo controlado, como en la improvisación, pero dentro de esas mil variantes estamos abiertos. Por eso cuando alguien repite, hay pequeñas cosas que cambian.
P: ¿Ha pasado alguna vez algo inesperado que cambiara el ritmo de la función?
Mira, en una de las primeras funciones, a una señora le llamó su hija en plena actuación. La señora quería colgar, estaba nerviosísima, no conseguía apagar el móvil. Yo bajé corriendo: ‘Démelo, señora’. Ella no me lo quería dar. Le dije ‘¿quién la está llamando?’ y me respondió ‘mi hija’. ‘Pues déjame hablar con su hija’. Y estuve hablando con ella un rato, puse el micrófono en el móvil… Fue muy gracioso y muy divertido, la verdad.
La obra mezcla monólogo, teatro y musical. ¿Qué es lo más desafiante de combinar tantos formatos?
Para mí lo más desafiante era la interactuación con el público, porque era algo que no había hecho nunca en el teatro de esta manera. Soy actriz y cantante, y aunque se me diera bien interactuar, enfrentarme a un espectáculo en exclusiva de monólogos interactuando con el público me generaba un abismo. Por eso propuse que fuera también obra de texto, con escenas, y luego añadimos la música —ahí es donde entra Jorge Aijado, el director musical—. Así acabó siendo este completo que creo que ha quedado muy cuco.
En escena te acompaña Manuel Bartoll. ¿Cómo es trabajar con él y por qué era la persona adecuada para este proyecto?
A Manuel Bartoll lo conozco desde hace muchos años porque trabajamos en la misma empresa y hemos hecho muchos espectáculos musicales juntos. De hecho, ahora mismo estamos con otro show que está girando por toda España y que también ha pasado por espacios como Príncipe Pío y la Gran Vía. Llevamos ya un par de años con ese espectáculo y antes de ese también hemos coincidido en otros proyectos.
Así que, además de compañero, es amigo. El amor y mucho match empezó hace unos tres años con otro actor maravilloso, pero el proyecto se pausó por distintas circunstancias. Cuando lo retomamos, él no podía continuar y fue la oportunidad perfecta para traer a Manu.
Es un artista súper talentoso: canta de maravilla, es un magnífico actor y, además, es una persona estupenda con la que da gusto trabajar. Creo que esa complicidad se nota en escena. Estamos muy cómodos juntos y, para mí, trabajar con él es muy fácil y muy bonito.
¿Cómo sería la biografía perfecta de Carol en una app de citas?
Psicóloga, adicta a las redes sociales, pero se me dan fatal estas apps. Estoy aquí por recomendación de mi amiga Mery que encontró el amor en Tinder. Fan de las películas de ciencia ficción y del fuet.
¿Crees que las apps han cambiado nuestra forma de relacionarnos?
Creo que sí. El mundo digital nos ha cambiado la forma de relacionarnos, y se puede aplicar a todo. Yo tengo un niño de tres años, y cuando voy al parque con él veo grupitos de adolescentes sentados juntos mirando el móvil y riéndose de cosas que ven ahí. Eso en mi infancia existía. Y en el caso concreto de las aplicaciones de citas, dar me gusta a alguien solo por su foto o su descripción es muy loco. Pero en un mundo en el que tienes un círculo ya cerrado y ya no es tan fácil conocer a gente nueva, a veces no queda otra. A veces va bien, a veces va mal. Hay gente que ha conocido al amor de su vida así.
¿Qué consejo le darías a alguien que está viviendo su propio desastre amoroso?
Que tenga esperanza. Y paciencia. Y que pueda ir a terapia para aprender a estar solo o sola. Además, Carol es psicóloga, así que que venga a su terapia y de paso le hace negocio. (risas)
¿Qué crees que se lleva el público cuando sale del teatro después de conocer a Carol?
Creo que el público se va muy contento porque ha pasado un rato muy divertido, riendo mucho. Y también con esas pequeñas pildoritas sobre la soledad, la esperanza o la importancia de vivir el presente y no centrarnos tanto en las redes.

AMPLÍAN FECHAS EN EL TEATRO ARLEQUÍN
Debido a la gran acogida del público, el espectáculo ha ampliado sus fechas:
▸ Martes, 29 de abril · 20:30 h
▸ Miércoles, 13 de mayo · 20:00 h
▸ Martes, 3 de junio · 20:00 h