Hey Kid

Dos noches, dos Rivieras en una semana. Y una sala que ya se le queda pequeña.

En algún momento entre el primer disco y este jueves por la noche, Hey Kid dejó de ser ese artista que te recomendaba un amigo con insistencia y se convirtió en algo más difícil de explicar.

Era su segunda noche consecutiva allí. Una semana, dos sold outs, el mismo escenario. Cuando Santi lo dijo en voz alta —«es una auténtica locura lo que está pasando, es nuestra segunda Riviera en una semana»— lo dijo como quien todavía no se lo cree del todo. Y eso, precisamente eso, es lo que hace que sea difícil no admirarle.

Fue un concierto que funcionó como funcionan los conciertos de los artistas que han encontrado a su gente: sin necesidad de convencer a nadie. El público se sabía cada canción. No algunas —todas. Nuestra verdad, Alguien como tú, Saber de ti. Coreadas de principio a fin, devueltas al escenario con una intensidad que en algún momento dejó al propio Santi sin saber muy bien que decir.

Antes de La mesa del domingo explicó que la había escrito para su abuela, que había fallecido hace unos años y no había podido ver todo esto desde aquí. Se le quebró un poco la voz. El público lo entendió sin que hiciera falta decir nada más.

Después llegó Iñigo Merino al escenario. Juntos estrenaron en directo Alguien debería hablar con Dios, que interpretaron ante el público por primera vez.

El artista se bajó del escenario para cantar Un viernes de enero en medio de la sala, rodeado de la gente, sintiendo de cerca la energía que llevaban toda la noche devolviéndole. No podían faltar Noche de San Juan y Donde estés tú. Antes de despedirse prometió volver pronto a Madrid. La banda se marchó al ritmo de Unwritten de Natasha Bedingfield.

El éxito de Hey Kid no es el tipo de éxito que construye una discográfica con presupuesto y estrategia. Es el tipo de éxito que construye la gente que escucha sus canciones en momentos que no le cuenta a nadie, y que un jueves por la noche aparece en La Riviera y las canta todas en voz alta. Dos Rivieras en una semana no ocurren por accidente. Fuera de La Riviera, Madrid seguía siendo Madrid. Dentro, durante noventa minutos, había sido otra cosa.

Quienes quieran comprobarlo tienen dos citas próximamente: el 10 de abril en el Razzmatazz de Barcelona y el 16 en la Sala Zentral de Pamplona.

Por María Peinado Lafuente

Periodista. Puedes leerme también a través de mis redes sociales. Instagram y Twitter: maria_peinado22

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