'La buena hija' sacude el Festival de Málaga

La directora Julia de Paz presenta La buena hija, en la Sección Oficial del 29.º Festival de Málaga, un drama que, a través de la mirada inocente de una niña, revela cómo el maltrato puede existir incluso en los vínculos más cercanos, obligando al espectador a confrontar sus propios prejuicios.

Todo comenzó en la sala de espera de un Punto de Encuentro Familiar, motivo principal detrás de la creación de La buena hija, película con la que Julia de Paz compite en la Sección Oficial del 29.º Festival de Málaga. La directora y guionista explicó en rueda de prensa que la motivación real para desarrollar este proyecto surgió al observar estos espacios de intercambio de menores. Estos entornos marcados por una violencia latente, donde los trabajadores sociales realizan la mejor labor posible para proteger a los niños con los limitados recursos disponibles.

A partir de esa cruda realidad, De Paz y la co-guionista Nuria Dunjó han creado una película que evita los tópicos dramáticos. Frente a propuestas más lineales, realizadas en un único escenario, como We Believe You, La buena hija apuesta por un guion más profundo, respaldado por la calidad de las actuaciones.

«Nunca quisimos ser demasiado explícitas», reveló Dunjó ante los medios, explicando que Carmela es una niña de apenas 12 años que intenta comprender la pesadilla que ocurre en su hogar. «Ella no tiene todas las cartas sobre la mesa; las va adquiriendo según avanza la trama». Por ello, la película oscila constantemente entre lo que constituye violencia y lo que no, dejando huecos narrativos. «Queremos que la película sea una conversación y que sea el público quien rellene esos espacios vacíos», afirmó la guionista.

Dar vida a Carmela suponía un gran reto, reconoció la joven actriz Kiara Arancibia. Explicó que, gracias al exhaustivo trabajo de preparación realizado junto a la directora y a su compañera Tamara, nunca llegó a experimentar el «peso psicológico» de interpretar a una menor en una situación tan extrema.

Con un toque de humor, señaló cuál fue su verdadera pesadilla en el rodaje: «correr tanto». Para proteger la salud de la actriz y evitar que viviera angustia real, el equipo decidió transformarlo en algo puramente físico, utilizando la respiración profunda del agotamiento deportivo para que parecieran ataques de ansiedad.

Por otro lado, Julián Villagrán, encargado de dar vida al padre, se mostró muy satisfecho con su papel: «es como si me hubiese tocado la lotería». Acostumbrado a otro tipo de personajes, reconoció que enfrentarse a lo opuesto a su propia personalidad lo obligó a abandonar sus trucos habituales. «Es muy triste, pero a día de hoy sigue habiendo mucha gente que emplea la violencia y el miedo como formas válidas de educar», reflexionó Villagrán sobre su personaje.

Uno de los aspectos destacados en la rueda de prensa fue el manejo del tiempo en la película. Durante la primera hora no se muestra ninguna escena de violencia explícita, y Julia de Paz defendió su planteamiento: «La película es un viaje del amor al desamor hacia el padre, y del desamor al amor con la madre». La intención era que el espectador realizara el mismo recorrido que Carmela, experimentando en primera persona ese lento «desenmascaramiento».

Para lograr esta atmósfera violenta pero sutil, el trabajo del equipo técnico resultó fundamental. La directora quiso resaltar la labor impecable de Sandra Roca en la dirección de fotografía y de Víctor Santacana en el diseño de arte. «El objetivo era construir espacios por los que los personajes pudieran transitar libremente, sin que la cámara se interpusiera». Este esfuerzo adicional del equipo técnico buscaba que la escucha no se limitara únicamente a los actores, sino que involucrara a todo el equipo.

Por mariogutierrezarroyo

Correo: mariogutiarro8@gmail.com Apasionado del periodismo y amante de la música, el cine y la cultura.

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