En marzo de 2018, una legión de jóvenes y adultos con espíritu infantil seguía con el corazón en la boca el final de la saga del Torneo de los Universos, que elevó las apuestas épicas a niveles estratosféricos. Desde entonces, estos ocho años han dado para mucho: la partida del maestro legó su proyecto póstumo, ‘Daima‘; ‘Dragon Ball Z Kai’ finalmente tiene voces en castellano; y Netflix ha adquirido buena parte de la producción de Toei. Para finales de 2026, coincidiendo con el cuarenta aniversario de la franquicia, ‘Dragon Ball Super’ parece volver del más allá con dos anuncios sorpresa: un ‘remake’ de la saga de Beerus de seis capítulos y la continuidad de la serie con los arcos de la Patrulla Galáctica y Granola.
Muchos de los que terminaron de ver Dragon Ball Super en 2018 se quedaron con la miel en la boca tras disfrutar de la intensidad emocional y épica de Goku con el pelo blanco, Vegeta demostrando una vez más que no tiene límites, Freezer, agente mismo del caos, ayudando a salvar el universo, y la lucha final contra el imponente y milenario Jiren —el mayor de los enigmas cósmicos de la saga—, han crecido inevitablemente.
Han sido ocho años sin novedades de Dragon Ball Super, llenos de interrogantes sobre su destino final y el extraño silencio contenido de la heredera directa de la obra original de Toriyama Akira. Se ha especulado mucho sobre los motivos que llevaron a la abrupta interrupción de este supuesto éxito de masas, su supuesto «hasta aquí hemos llegado», una paradoja en el mundo de la animación japonesa.
Mientras tanto, a One Piece, obra de Oda Eeichiro y propiedad visual de la misma casa productora, parece irle de lujo, avanzando rampante hacía o que parece ser una de las epopeyas ilustradas más longevas de la historia —continuación de su adaptación live-action incluida— y un fandom que no deja de crecer.
Mientras el manga, a cargo de Toyotaro y basado en el guion original del propio Toriyama, sigue sumando páginas mensuales, y las cifras de venta de ejemplares de la serie rozan el hito de 12 millones en circulación en todo el mundo —números registrados en 2025—, queda claro que la idea de que el tan amado cosmos muere con el maestro está lejos de ser acertada.
Incluso en el momento crítico, la joven promesa que recibió la guía directa del sensei, y legado de toda la tirada de historias gráficas del shōnen, se reconoció capaz para asumir la carga de continuar con la obra gráfica, al tiempo que se convertía en supervisor del proyecto póstumo de Akira: Dragon Ball Daima (guiño incluido a los fans de Dragon Ball GT, cohesionando a la que parecía una de las ramas más disidentes de la innovación «dragonbollesca»).
Este año, coincidiendo con las repetidas expectativas de continuidad entre los teóricos de la franquicia y el cuarenta aniversario desde que Son Goku pisó la Jump, Toei Animation, siempre dispuesta a lanzar sorpresas, ha anunciado dos citas muy importantes para los amantes del anime.
Dragon Ball Super Beerus: La amenaza de un Dios hambriento… otra vez
Lord Beerus, ese primer antagonista claro que anunciaba que las peripecias de Son Goku no habían terminado y que se retiraba a entrenar reencarnaciones de monstruos, dio una suerte de hilo de continuidad al final de Dragon Ball Z. El Dios de la destrucción, caprichoso y hedonista, se convirtió en la amenaza del planeta Tierra por el mero motivo de que su divino paladar pedía nuevos sabores y alimentos exóticos. Por cosas peores se han empezado guerras.
Esto ocurría diez años atrás, en 2015, cuando la legión de amantes de Son Goku recibía la sorprendente noticia de que manga y anime volvían a la vida de la mano de un novato desconocido llamado Toyotaro, a quien Toriyama había designado como su sucesor oficial, convirtiendo su obra en dinastía.
Dragon Ball Super tuvo una acogida heterogénea: los fans la amaron, los puritanos de Dragon Ball GT la odiaron, y los ultraortodoxos del manga original se llevaron las manos a la cabeza, desconfiando de la apuesta por la continuidad del veterano sensei.
A finales de 2026, la casa del gato lo tiene muy claro: el arco de Beerus merece una segunda oportunidad. Dragon Ball Super experimenta un nuevo comienzo con el remake corto de seis capítulos, titulado Dragon Ball Super; Beerus.
Con ello, Toei busca, además de conmemorar el segundo génesis de Dragon Ball, redimirse de los errores gráficos cometidos en los primeros capítulos del anime, que los más observadores o detallistas calificaron de «chapuceros». La apuesta está en los gráficos, la producción visual y la espectacularidad, elementos que le darán un nuevo color y rumbo estético a un universo ya legendario.
La Patrulla Galáctica, el devorador de planetas Moro/Molo, Granola y el «camorrismo» cósmico finalmente saltan a la pantalla
Aunque se ha anunciado el retorno de Dragon Ball Super a la pequeña pantalla, aún queda un tiempo antes de poder hablar de «continuidad» como tal, que llegará en 2027 (habrá que ser muy pacientes).
Toei, en su anuncio, habló del lanzamiento de Dragon Ball Super The Galactic Patrol, que recogerá las sagas ya concluidas del manga: Moro (o Molo, según la adaptación de la pronunciación japonesa), y Granola, mucho tiempo después del «saioyanara» definitivo de la serie de televisión, que no lo fue tanto para su homónimo gráfico.
Sin embargo, ya es un hecho: el devorador de planetas volverá a hacer de las suyas en el cosmos, y Granola, por su parte, le seguirá de cerca en lo que será uno de los mayores despliegues de transformaciones saiyajin sin precedentes en toda la historia de la animación, con un —ejem— Black Freezer a la vuelta de la esquina.
Con estas noticia, Toei reafirma la continuidad de una de las series más queridas y extrañadas del manganime. Dos años después de la muerte del maestro, con Toyotaro ahora solo al mando del grafito, la pluma y el papel, el manga sigue legitimando su continuidad y renueva su apuesta por un proyecto que parecía haber quedado abandonado.
¿Volverá Dragon Ball Super a dominar el mundo de la animación, o se quedará a años luz de alcanzar a One Piece? Solo el tiempo lo dirá.
Aguardemos los hechos: los niños de doce años que disfrutaron del final del Torneo del Poder ya se han convertido en adultos de veinte. ¿Está Dragon Ball lista para asumir el relevo generacional, confirmando su aparente inmortalidad y resistencia al tiempo?