Maldita Nerea es, a estas alturas, parte indiscutible de la historia reciente de la música española. No solo por la longevidad de su carrera, sino por un cancionero que ha acompañado —y sigue acompañando— a varias generaciones. Eso quedó claro el martes 16 de diciembre en el Movistar Arena, convertido en un coro gigante que cantó cada verso como si formara parte de su propia biografía.
Desde los primeros acordes de ‘Nunca estarás sola’, la conexión con el público fue inmediata. No hizo falta presentación ni artificio: las canciones hablaron por sí solas. A partir de ahí, el concierto avanzó como un viaje por algunos de los grandes hitos de la banda, con ‘¿No podíamos ser agua?’, ‘Cosas que suenan a…’ o ‘Tu mirada me hace grande’, coreadas de principio a fin por un público entregado.
La banda alternó momentos de euforia colectiva con otros más íntimos, como en ‘En el mundo genial de las cosas que dices’, ‘No pide tanto, idiota’ o ‘Por el miedo a equivocarnos’ donde las letras —marca inconfundible de Maldita Nerea— volvieron a demostrar por qué han calado tan hondo.
Tras una breve salida del escenario, las insistentes peticiones lograron el regreso de la banda. El bis comenzó con ‘Hecho con tus sueños’ y culminó, como no podía ser de otra manera, con ‘El secreto de las tortugas’, recibido como el himno que es.
La puesta en escena fue sencilla, sin excesos ni grandes alardes visuales, pero no los necesitó. Maldita Nerea volvió a demostrar que su mayor fortaleza está en las canciones y en la complicidad con un público que, más de dos décadas después, sigue encontrando en ellas un refugio.