La primera San Diego Comic-Con celebrada fuera de Estados Unidos ha sido un éxito, aunque gran parte del público no lo percibe así debido a problemas de organización durante el evento
La San Diego Comic-Con salió de Estados Unidos por primera vez y lo hizo en Málaga durante el pasado fin de semana. Entre 20.000 y 25.000 asistentes diarios, se dieron cita marcas de prestigio mundial como Funko, así como invitados de la talla de Arnold Schwarzenegger (Terminator, Predator), Jared Leto (Dallas Buyers Club, Blade Runner 2049) o Gwendoline Christie (Juego de Tronos, Star Wars: Los Últimos Jedi).
El evento logró el reconocimiento y prestigio internacional que buscaba, gracias a estas presencias y a paneles sobre próximos grandes estrenos de Holllywood, como Tron: Ares o Predator: Badlands. Sin embargo, en redes sociales comenzaron a circular vídeos y comentarios negativos. ¿Por qué?
La mayoría de los asistentes no se quejaron de las actividades, sino de la organización. La palabra que mejor resume esta Comic-Con es colas: colas para entrar al recinto, colas para comer, colas para entrar a cada panel o pabellón, e incluso colas para salir.
El punto álgido se vivió el sábado 27, cuando hubo que reorganizar la cola para acceder al Exhibitor Hall, el pabellón donde se agrupaban tiendas y artistas firmando. La fila llegó a salir a la calle, con familias esperando bajo el abrasador sol y más de 25 grados. La espera para entrar al hall podía superar las tres horas, y según el stand que se quisiera acceder, la cola podía extenderse hasta las cuatro horas.
Sea por mal cálculo de espacio o de aforo, este es un problema que deberá solucionarse en futuras ediciones, junto con el horario. El ya mencionado Exhibitors Hall cerraba a las 18:00, salvo el sábado, cuando extendió su apertura hasta las 20:00; mientras que el recinto en su conjunto no cerraba hasta las 22:00.
Los métodos de entrega de tickets a los primeros en llegar para conseguir productos exclusivos o firmas tampoco parecieron satisfacer a todos los asistentes, pues dejaban sin posibilidad de conseguir nada a quienes no hicieran cola desde altas horas de la madrugada. «Cuando yo he llegado a las 8:15, la cola ya daba la vuelta al recinto», comentaba una trabajadora de la Comic-Con el sábado. Las puertas, sin embargo, no abrían hasta las 10:00.

Además, la propia San Diego Comic-Con vio cómo su merchandising oficial, desde camisetas hasta imanes, se agotaba antes de finalizar el segundo día. Poco después, esos productos a aparecer en páginas de reventa, duplicando o triplicando su precio de venta original. El caso de Funko ya es un caso aparte digno de su propio estudio.
Las normas sobre comida y bebida también generaron controversia: al principio no se permitía el acceso al recinto con agua ni comida. Se reculó en lo primero, pero no en lo segundo, y los precios dentro del evento fueron calificados por algunos asistentes como «prohibitivos» o incluso «un robo». A esto se sumó que los puestos de comida estuvieran al aire libre, obligando a los asistentes a hacer la cola y comer con calor y el sol intenso.
La inversión y el esfuerzo han sido evidentes para traer a celebridades y artistas a la altura de las expectativas, y grandes marcas como Disney no dudaron en apostar por este evento para promocionar sus proyectos, lo que demuestra el enorme alcance del encuentro y sus posibilidades.
No obstante, esto poco sirve si los asistentes se marchan con mal sabor de boca del evento por cuestiones organizativas y económicas. Si se trabaja en estos ámbitos, como reclaman los asistentes, quizás la próxima San Diego Comic-Con Málaga logre un éxito incuestionable.