‘Sigue mi voz‘, la película basada en el bestseller homónimo de Ariana Godoy, se estrena en cines este viernes 12 de septiembre y en esta crítica te contaré si merece la pena
“Tras una crisis de salud que la mantiene en casa 76 días seguidos, Klara no hace otra cosa que escuchar su programa de radio favorito, Sigue Mi Voz. Pero un día se pregunta: ¿es posible enamorarse de alguien a quien ha oído en la radio, pero nunca ha conocido? ¿Superará sus miedos y saldrá de nuevo al mundo?” Con esta premisa nos adentramos en la vida de Klara (Berta Castañé), que vive con su hermana y el novio de esta, quienes tratan de animarla sin éxito.
La película, dirigida por Inés Pintor Sierra y Pablo Santidrián (El tiempo que te doy), trata temas muy sensibles como el suicidio y el cáncer con mucha delicadeza y humanidad. No estamos ante una película romántica centrada en las relaciones sexuales de los protagonistas, sino que se enfoca en los aspectos más profundos de sus personas. Es una muestra perfecta de cómo no somos conscientes de las dificultades que arrastran las personas de nuestro alrededor hasta que no nos paramos a conocerlas realmente.

El largometraje comparte estilo con la aclamada serie Heartstopper e incluso se vale de efectos visuales similares para reflejar los sentimientos de la protagonista, aunque con una eficacia irregular. En los momentos más intensos, la interpretación de Berta Castañé (Viaje de fin de curso: Mallorca) se ve opacada por estos efectos, que toman el poder de la escena restando fuerza a la actriz y alejándonos del personaje.
Es cierto que en otros momentos funciona muy bien visualmente y nos ayuda a entenderla mejor, pero considero que un uso menos acusado hubiese dado mejor resultado. En general, el conjunto fotográfico es muy potente. Destaco especialmente el tratamiento del color, salvo dos atardeceres puntuales que se sienten fuera de lugar.
Sí, es una película basada en una novela de Wattpad, y la historia se construye sobre una gran coincidencia (en el tráiler podéis verla). Sin embargo, a raíz de ella, la historia se desarrolla con mucha naturalidad y mimo. Las tramas no se sienten forzadas y tampoco se tira de “magia de guion”. Inés Pintor y Pablo Santidrián han hecho un gran trabajo con el guion de esta película, siendo capaces de conectar y cerrar las historias de los personajes.
Sin entrar en mucho spoiler, el sufrimiento por la muerte y la enfermedad es común en los personajes y, desde distintas perspectivas, se nos muestra cómo estas dificultades cambian su vida personal y familiar, además de cómo la unión entre ellos permite que sea posible hacerles frente. Eso sí, hay que ir preparados al cine para el segundo acto porque es un conjunto de revelaciones trágicas que pueden ser abrumadoras. Siento que la historia solo descarrila en la resolución que se da a los personajes Diego de Nuno Gallego (Élite) y Ellie de Sofía de Iznájar, porque no se da ninguna explicación previa ni ningún tipo de guiño.
Quiero destacar cómo no se utiliza la baza fácil de que «el amor lo cura todo». El mensaje de la película es muy distinto: el amor no lo cura todo, pero sí da fuerzas para poder superar los obstáculos. Y es que los problemas de salud mental no se curan de un día para otro. Tampoco sirve solo con ir al psicólogo; Karla va desde el principio de la película y aún así sus problemas no desaparecen automáticamente. Sigue mi voz es un fiel reflejo del proceso que requiere tratar los problemas de salud mental y cómo nuestro entorno no puede arreglar nuestros problemas, pero sí nos puede dar el empujón que necesitamos para poder enfrentarlos.

He cogido mucho cariño a Karla y Kang, y estoy seguro de que cualquier persona que decida ir al cine a verla compartirá mis sensaciones. No es perfecta y hay que creerse alguna situación inicial, pero es una película romántica, sincera, humana y conmovedora. Si te gustó la forma de tratar el amor de Heartstopper, Sigue mi voz es para ti.
Ya quedan tan solo unos pocos días para que Sigue mi voz se estrene en cines este viernes 12 de septiembre. Puedes ver el tráiler aquí abajo, aunque yo siempre recomiendo evitarlos.