El puertorriqueño regresó a Madrid tras casi 10 años desde su última función, y agradeció la espera a su público ofreciendo una noche única que quedará grabada en la retina de todos los que bailaron sus canciones del Debí Tirar Más Fotos World Tour
Hay conciertos que no duran solo tres horas. Hay conciertos en los que una parte de ti se queda a vivir durante el resto de tu vida en esa grada, esa pista, ese escenario. Para las más de 60.000 personas que acudieron este sábado 30 de mayo, al estadio Riyadh Air Metropolitano, fue uno de esos días. El calor apretó fuerte a la capital desde primera hora de la mañana, pero eso no impidió convertir el fin de semana en una fiesta inolvidable. Bad Bunny regresó a Madrid después de casi 10 años desde su último concierto, Benito está de vuelta.

La banda puertorriqueña Chuwi se encargó de amenizar la espera a base de salsa y bachata. Pasaron las 20.00 horas cuando un vídeo apareció en la pantalla avisando del inició del concierto. Una conversación entre una madre y su niño sobre las ganas de este último de poder acudir a «un concierto suyo» fue el preludio a casi tres horas de éxtasis absoluto. Las «palabras mágicas», coreadas por todo el estadio, invitaron a Bad Bunny a su particular fiesta. «Benito hijo de Benito le decían Tito, el mayor de seis trabajando desde chamaquito (…) que en Bayamón por primera vez vieron». Las primeras frases de La Mudanza ascendieron a Benito al escenario y, lo que vino a continuación fueron casi dos minutos de ovación antes de que rematara con el ya mítico «un aplauso pa’ mami y papi, porque en verdad rompieron». A partir de aquí, el resto es historia.
Quiso regresar el tiempo, y con Callaita llevó a su público a 2019 para demostrar que nadie se ha olvidado de su letra. Turista, Pitorro de Coco, Baile Inolvidable y Weltita fueron las primeras en sonar para caldear el ambiente. Entre tanto, Benito aprovechó para agradecer la espera de su regreso a Madrid, y pidió en varias ocasiones que disfrutaran de las pequeñas cosas, de bailar, cantar, llorar, reír, para convertir esa noche en una que fuera única y que recordarán durante mucho tiempo. El colofón final de ese bloque lo marcó NuevaYol, una explosión de adrenalina y baile para después acceder a su casita.
La casita y el perreo
Como ya es sabido, una parte importante del show del puertorriqueño ocurre en una casita de color rosa ubicada justo detrás de la pista. Allí, famosos e influencers arropan a Bad Bunny en canciones como Tití me preguntó, Neverita o Efecto. Un repaso de sus mejores temas de su anterior disco, Un verano sin ti. En esta ocasión, personalidades como Ester Expósito, María León, Ana de Armas o Clara Galle se hicieron con todos los focos de esta parte del concierto. Después, el bloque más duro de reggaetón sucedió en la parte de arriba de «la casita». Se volvió a los tiempos de pandemia para bajar el piso con Yo Perreo Sola o Safaera, otras como Me porto bonito o Café con Ron también tuvieron su espacio. «Quién no haya perreado esta noche no puede decir que vino al concierto», aseguró Benito en una casi amenaza para poner a bailar a todo el mundo. Y vaya si se bailó, pero también se gritó, se clamó al cielo esperando guardar esa euforia en un frasquito para poder volver a ella más tarde.

La sorpresa de la noche corrió a cargo de Myke Towers. El cantante puertorriqueño acompañó al «conejo malo» en su primer show en Madrid de los nueve que restaban. Towers se quedó solo en la casita para dejar a Benito volver al escenario principal, porque a estas alturas quién no se sabe el temazo de La Falda, entre otras.
Ya terminando, Bad Bunny regaló a sus fans canciones míticas como Ojitos Lindos o La Canción. Volvió a su último disco para rematar con Kloufrens y Debí Tirar Más Fotos. «Dejen de preocuparse por lo que va a pasar mañana, vivan el futuro y el ahora. Den mucho cariño a los suyos, díganle a la gente que ha venido con ustedes que los quieren, porque son esas personas las que importan», palabras que hicieron llorar a más de uno antes de terminar por todo lo alto con una última oportunidad de perreo con Eoo. Aunque hay momentos que no basta con contarlos, hay que vivirlos. El concierto de Bad Bunny es uno de ellos. Mientras tanto, solo queda disfrutar, como bien aseguró él en varias ocasiones, de las pequeñas cosas, porque nadie sabe lo que va a pasar mañana. Y llevar por bandera uno de sus lemas más repetidos durante este año interminable de espera. «Mientras uno esté vivo uno debe amar lo más que pueda».