Un largometraje de apariencia sencilla que se hace más profundo a medida que avanza y se le presta atención
Es cierto que nada es lo que parece, especialmente en el cine, y esta película es un ejemplo perfecto de ello. Aunque se presenta como un thriller dramático, resulta complicado anticiparse a los constantes pequeños giros de guion, que pueden pasar desapercibidos si la atención se distrae, por ejemplo, mirando el móvil. Su trasfondo es remarcable, cuanto menos, aunque algunos momentos la narrativa roza lo tedioso.
Amanda Seyfried (Mamma Mia! La película) interpreta a la protagonista del nuevo filme de Atom Egoyan (El dulce porvenir), que se estrena este viernes 11 de julio en Filmin. Interpreta a Jeanine, una directora de teatro al frente de la ópera Salomé, de Richard Strauss, una puesta en escena en honor a su difunto mentor y anterior director, Charles. En realidad, no la quieren por sus habilidades, sino por una cuestión de marketing, ya que años atrás participó en la primera producción de la obra. Lo que en un inicio parece un argumento sencillo, pronto revela lo contrario: a medida que avanza el metraje, la trama se oscurece hasta exponer su verdadero tema principal.



Salomé es un mito de raíces bíblicas que fue popularizado por Oscar Wilde en 1891, gira en tono a la obsesión enfermiza de su protagonista con Juan Bautista, llevándola a situaciones un tanto peliagudas. La historia aborda temas como las violaciones, el incesto, el asesinato y la necrofilia, cuestiones que difícilmente se esperarían en un relato tan cercano a la tradición bíblica, y mucho menos en una película que, a priori, parece partir de un argumento más convencional.
Y es que, a lo largo del filme, se van mostrando poco a poco la infinidad de similitudes entre la vida de Jeanine y la historia de Salomé. No solo al espectador las percibe: también la propia protagonista comienza a reconocerlas conforme avanza la producción. A medida que los ensayos progresan, resurgen recuerdos reprimidos de su infancia, marcador por el comportamiento turbio de su padre hacia ella, que sirvieron de inspiración a Charles —su difunto mentor— mientras mantenían una relación.
Seven Veils es una de esas películas que empiezas sin saber exactamente qué esperar y, cuando terminan esas casi dos horas, te quedas mirando cómo pasan los créditos en silencio, sin realmente verlos, mientras intentas procesar lo que acaba de suceder.