El nuevo éxito juvenil de Prime Video construye una burbuja para sus personajes —y también para la audiencia—, para después pincharla cruelmente.
Basada en el best-seller y fenómeno en redes homónimo de E. Lockhart, la última serie teen de Prime Video, Éramos Mentirosos, se ha colocado ya como lo más visto del momento en la plataforma en varios países, incluyendo España. Además, ha despertado la curiosidad de muchos espectadores por tener como uno de sus protagonistas a Joseph Zada, que interpretará de Haymitch en la precuela de Los juegos del hambre, Amanecer en la cosecha. El éxito de la serie no es difícil de explicar, pues aquí a un espectador que no conocía nada de ella o del libro antes de verla le ha dejado atónito.
Éramos Mentirosos nos presenta a un grupo de jóvenes en dos líneas temporales: tres primos Sinclair y su amigo Gat (Shubham Maheshwari) viven uno de sus veranos idílicos (Verano 16) en la isla de Beechwood, propiedad de la familia Sinclair; y al año siguiente (Verano 17), regresan con una de ellas, la protagonista Cadence (Emily Alyn Lynd), traumatizada y sin recuerdos del verano anterior, en el que sucedió algo trágico que tendrá que tratar de recordar ella misma.
A través de ocho capítulos conocemos a fondo a la familia Sinclair, su poder y sus tóxicas dinámicas internas. Mientras las madres discuten y los abuelos ejercen el poder, los más jóvenes viven en una burbuja de inocencia y privilegio: para ellos solo existe tomar el sol, jugar y montar fiestas. La fina línea que separa el no soportar a estos niños ricos y encariñarte con ellos se desdibuja al crearse una burbuja de veranos idílicos, que muchos habríamos querido vivir y nunca tuvimos, pero que estos niños ricos tampoco vivieron realmente. Ya con una edad, empiezan a ser conscientes de la realidad de su existencia y esa burbuja revienta de una forma cruel.
No estamos ante una serie más sobre amores adolescentes, fiestas y muchísimo dinero, aunque su primer capítulo está plagado de esos clichés de una manera frustrante, pero que cobra sentido cuando caes en que la serie busca romper con ellos.
Éramos Mentirosos pone de manifiesto lo problemático de ese poder basado en el dinero y las apariencias, que implica desde ocultar los sentimientos hasta racismo. Cadence, Mirren (Esther Rose McGregor) y Johnny (Joseph Zada) se dan cuenta de todo, y por más que el verano luche por seguir transcurriendo, ya no hay nada tan idílico, a lo que se suman varios golpes de realidad sobre la vida y el ser adulto.
Y por supuesto, no falta el misterio, whodunit en cierto modo, de Cadence tratando de unir las piezas sobre qué suceso hizo que perdiese la memoria. Lo ocurrido en el verano 16 se va desvelando para la audiencia a la vez que para Cadence, y contribuye junto a lo bien manejados que está los personajes (a la par que bien interpretados) en engancharte inevitablemente a lo que ocurre en la isla de Beechwood.
A partir de aquí se discutirán spoilers de la serie y su final, así que no sigas leyendo si aún no la has visto.

Lo veas venir o no es indiscutible lo impactante del giro final de la serie: el suceso trágico que hizo a Cadence perder su memoria fue la muerte de sus primos y Gat, de los Mentirosos, en un incendio que ellos mismos provocaron en la casa de su abuelo intentando romper la jaula de oro en la que se encontraban. Los capítulos juegan a la perfección con mantener el misterio y lanzarte pistas a la vez que intentan despertarte, pero sin distraerte del desarrollo de los personajes. Y el octavo episodio te rompe en mil pedazos cuando Cadence al fin descubre la verdad y puede decir adiós.
¿Irresponsabilidad de unos jóvenes alocados y privilegiados? ¿Tragedia evitable? El final no se mete en ese dilema ni juzga a Cadence por su responsabilidad como artífice de la idea del incendio, se limita a mostrar su dolor y carga que la acompañarán de por vida. Se mantiene así fiel al espíritu de la serie en su conjunto, que prefiere dejar que los personajes hablen por sí mismos a dibujarlos de manera evidente como privilegiados o víctimas. Su maestría radica ahí y en la química de unos Mentirosos con los que te encariñas gracias al estupendo trabajo de Alyn Lynd, McGregor, Zada y Maheshwari, tanto a nivel individual como en su estrecha relación. Por los 45 minutos finales son tan dolorosos para la audiencia como lo son para Cadence.
Pese a que te rompa en mil pedazos con su conclusión, Éramos Mentirosos es una obra imprescindible, llena de complejidad y emoción, y que como adaptación supongo que tendrá sus cosas positivas y negativas, pero que como serie es digna de todos los elogios.