La cantautora de Getxo llenó de luz el teatro dos días consecutivos con un show que hizo vibrar a todos los presentes

Sentarse a escribir que Paula Mattheus ha brillado sobre un escenario es una perogrullada tan cierta como la de que el agua moja o el fuego quema. Pero, hacer de lo rutinario una sensación de novedad y de primera vez, no está al alcance de todos. Eso no. Y es lo que el Teatro Circo Price vivió este pasado jueves y viernes. La cantautora vizcaína desplegó todo su potencial en un show en el que, pese llenar el aforo durante dos días consecutivos, logró generar un ambiente íntimo, cercano. De esos que evaden.

No hay mal día que no se arregle con ello. Ni buen día al que le sobren esas dos horas. Es el encaje perfecto. O fue, mejor dicho. De esos momentos que se graban en la retina, en el recuerdo. Dos ‘sold out’ en un lugar tan emblemático no merecían menos. Ella lo sabía. El teatro se apagaba, el escenario se iluminaba y sonaba Nueva York. La voz de Paula irrumpía con la artista caminando entre el público hacia el escenario.

Poco se puede decir de lo que ocurrió encima de ello. Valientes de sofá, Donde me lleven mis alas, El río… Bailando Bajo la Tormenta Tour no pudo tener mejor inicio de gira. Ni mejor compañía. Mafalda Cardenal, Inazio Lacarra, Nena Daconte y Shinova se subieron junto a Paula como parte del espectáculo.

Fue difícil contener a la gente sentada en sus asientos. Lo cierto es que el teatro invita a ello. Pero claro, si suena Ya no me joden la fiesta en directo, a poco de sangre que te fluya por las venas, el cuerpo te empuja hacia arriba. Y así acabo el concierto, con varios temas sin que nadie se posase en su asiento. El patio de butacas convertido en entradas de pista.

Y es que Paula Mattheus ha ido creciendo a lo largo de los años dentro del panorama musical y sin perder un ápice de la magia que ha caracterizado su música, su letra, su voz y su todo. Ese envoltorio barnizado que no pierde ni un ápice de encanto y que protege todo lo que cubre dentro. Ha dado igual salas pequeñas, showcases más íntimos -esta vez íntimos en todo su esplendor-, llenar Las Ventas con un fiestón o disfrutar, porque lo hizo, en el Circo Price. A Paula no le han jodido la fiesta. Paula la ha regalado, Paula es la fiesta. Y ahora, baila bajo la tormenta, sin paraguas, con su guitarra. Y el mundo, y en este caso el escenario, a sus pies.

Por Juancar Navacerrada

Periodista con diez años de experiencia en el mundo del deporte, e iniciándose en el ámbito musical, con las ganas del primer día. He cubierto grandes eventos como el Mundial de Qatar en 2022 o la Copa de Asia de 2021, ambas en Doha.

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