‘El Caso Abel Trem’, un ingenioso y premiado filme para entender el polarizado presente político de Hungría y Europa
La producción dirigida por el húngaro Gábor Reisz aterriza en España de la mano de la plataforma audiovisual Filmin, quien la emitirá el próximo viernes 3 de enero. Esta obra ya cuenta con numerosos premios de la industria cinematográfica como el galardón a Mejor Película de la sección Orizzonti del Festival de Venecia; u otros de talla internacional como la Lady Harimaguada de Plata a la segunda mejor película del Festival de Las Palmas.
El Caso Abel Trem expone la polarización política latente en la realidad de Hungría, un país dividido antes dos caras ideológicas opuestas. Y lo hace mediante la historia de su protagonista, un joven estudiante que tras suspender un examen, se ve envuelto no sólo en el ojo de la opinión pública; sino que también se convierte en el foco de un debate que va más allá de las pantallas.
El elemento que vertebra esta trama, protagonizada por Abel (Gáspár Adonyi-Walsh), es un pin conmemorativo de la Guerra de Independencia de 1848, correspondiente al bando nacionalista. Un «accesorio» que el adolescente portaba cuando fue notificado de su reprobación por parte del profesor de historia Jakab (András Rusznák). Un profesor que ya había mantenido enfrentamientos en el pasado con el padre del joven protagonista por cuestiones de índole política.
A partir de esta situación, el joven se pone en contacto con los medios ante la creencia de que la motivación de este suspenso se debía a implicaciones personales. Ellos hacen eco de esta noticia, convirtiendo el suspenso en un asunto de Estado.
Una historia que no deja ningún tema sin tratar, puesto que juega también con los sentimientos de Abel de una manera crucial, mostrando su interés sentimental hacia su mejor amiga Janka (Lilla Kizlinger), quien a su vez siente un amor no correspondido por el profesor de historia de ambos. Enlazando por tanto, los sentimientos a la política, algo que el padre del joven señala a lo largo de toda la proyección, manifestando la idea de que todo lo que articula la vida supone algo político.
Mediante este largometraje, en el cual Gábor Reisz participa también en la elaboración de la escritura de la obra; junto a su exprofesora y guionista, Éva Schulze, quienes muestran todas las realidades del conflicto. El director afirma que: «Un aspecto importante durante el proceso de escritura fue entender e ilustrar las intenciones y la desorientación de ambos lados«.
A pesar de no recibir financiación pública por parte del Fondo Nacional de Cine de Hungría, algo habitual con aquellos proyectos que tratan de diseccionar la realidad política del país, la película se consiguió rodar en un plazo récord de 20 días. Todo ello, gracias a la ayuda de su socio y productor Juli Berkes, de su entorno más cercano, y de un equipo compuesto por diecisiete jóvenes emergentes del mundo cinematográfico.
