Madame Web, la nueva película de Sony Pictures inspirada en ese personaje de los cómics que es guardiana de los Spider-Men, es una película sensacional, genialmente construida y guionizada y probablemente minusvalorada por la crítica especializada
Vengo al estreno de Madame Web sin haber visto ningún tráiler de este proyecto con anterioridad. Prefiero disfrutar de esa lúdica y ya ajada experiencia que es venir al cine a jugar a que la película te sorprenda. Vaya, igual que en aquella lejana época prehistórica de principios de los ochenta en que los cinéfilos se conformaban con ver el póster a la entrada de la sala y todavía les desconcertaba que Darth Vader pudiera ser su padre. Cuando no éramos tan exigentes con la cinematografía artística y nadie ansiaba creerse Hitchcock, Coppola o Spielberg de butaca reclinable y palomitas saladas de maíz.
En este filme del universo Spider-Man que ansía armar Sony tengo puestas algunas esperanzas. Es difícil hacerlo peor que los muchachos de Echo, me digo sabiendo que no vengo a redescubrir América ni a visualizar Titanic o Desayuno con diamantes, sino más bien a un filme de una superheroica pitonisa de Nueva York capaz de vislumbrar el futuro inmediato. La crítica cursi de los diarios especializados con mejor posicionamiento SEO ha debido creer que tenían entradas para La lista de Schindler 2. Aviso para navegantes morlacos: esto es Madame Web y La sociedad de la nieve está en Netflix. Y Succession en Max.
Pasan quince minutos y en ese preciso instante me salpica el subconsciente eso de que no se debe juzgar a un libro por su portada. Ni a una película por su crítica, le añado al autor. Madame Web es, sí, sencillamente genial. Lo noto desde el principio. Se trata de todo un cóctel de emociones hilado con mucho mimo, un guion que propone una trama enrevesada pero que sabe cómo (y sobre todo cuándo) desenredar los entresijos de su historia, una cinta que embraza las raíces de cuanto Marvel significa y que no necesita de importantes cameos para funcionar por sí sola. Es divertida dentro de un conjunto que lo visual edulcora, hermosea, y al que los múltiples aciertos de escritor inspirado en mitad de esa soledad que es la nocturnidad más fúnebre levantan un par de aplausos improvisados entre butaca y butaca. Chapeau.
Dakota Johnson demuestra ser una actriz de mucho talante y mil quilates. Estaba hambrienta y en este filme lo devora todo. Transmite, emociona, es carismática, completa, hermosa, pugilística, divertida, aplastante, todoterreno. Su personaje se siente a veces a marchas forzadas porque probablemente el tiempo, quizá algo restringido, no permitía más desarrollo e intrahistoria para ella. Aun así es un personaje fantástico, hipóstilo y adaptado al cine por alguien similar a un vate inspirado, de esos de antaño.
Johnson interpreta a una superheroína sin capa y carente de poderes cercanos a la espectacularidad, pero cuya médula ósea es su propia bola de cristal, su habilidad, su talento: ver el futuro, retroceder en el tiempo antes de que lo trágico ocurra. Se llama Cassandra Webb y quedó sin madre al morir durante el parto; uno muy accidentado que llega mientras se encuentra realizando una misión de investigación en Perú acerca de las arañas, las tarántulas y todos esos arácnidos de los que luego nace la araña que muerde a Peter Parker. El resto es historia.
Aunque la madre de Cassandra fallece por asesinato, más bien. El autor único del crimen es Ezekiel Sims, un hombre trajeado y sin escrúpulos que la hiere de bala a fin de robarle esa exótica araña que había encontrado la progenitora durante esa misma expedición científica lejos de Norteamérica. Una que le conferiría riquezas, mujeres y largos fajos de billetes, un lujoso apartamento en el downtown de Manhattan, en definitiva, pero también una maldición: Sims estaría condenado a ver su propia muerte cada noche antes de acostarse y hasta el fin de sus días.
Ezekiel busca a las asesinas que ve en sus sueños nocturnos. Son tres adolescentes. Casi unas niñas que están comenzando a descubrir el mundo. Y a sí mismas. Pero Ezekiel está convencido de que pronto cada una de ellas se convertirá en una Spider-Woman con poderes arácnidos. Unas que serían, según sus visiones, capaces de matarle en un asesinato cruel para el que lleva tiempo buscando formas de esquivarlo. Y ha deducido, claro, que si las asesina primero ellas tendrán poco que hacer. Vivirá y la maldición se romperá.
La película gira en torno a eso. A una persecución, al intento de Sims de pergeñar un asesinato perfecto, recurrente en tantas obras literarias y de ficción, y al papel de Madame Web como protectora, espadachina y guardaespaldas de las jóvenes adolescentes. Cassandra nunca ha sido una superheroína sino una guardiana de los hombres y mujeres araña, tanto aquí como en las historietas. Hay quien pensaba que en esta película saldría un nuevo actor para el Peter Parker del universo de Sony, el Venom de Tom Hardy y hasta Mary Jane Watson si uno se descuida. Por eso les decepciona: quieren ver tortazos, golpes, sangre. La «falta de acción» o el «aburrimiento» que en sus palabras padece lastra la película. La realidad es otra muy distinta: Madame Web brilla pese a que su protagonista carece de poderes físicos; Dakota Johnson rutila en su papel de guardiana del Spider-Verso, que es su terreno.
No porque una película no pertenezca a alguno de esos dramas o historias románticas o filmes biográficos que buscan asiduamente y sin disimular las nominaciones al Óscar es mala. Existe otro terreno dentro del cine hecho con el único fin de que disfrute la gente. En la Antigua Roma había gladiadores buenos, las estrellas, y otros un tanto mediocres que morían en combate a la primera de cambio, sobre todo por su falta de experiencia. Y aun así, los romanos de aquella época acudían a su cita con el Coliseo sin importar si peleaban los unos o los otros: iban a pasar el rato, el día, a echar la tarde.
Con el cine funciona igual. Existe un cine de pañuelo y lágrimas, un cine sentimental, y otro que narra historias sin estrella Michelín, pero que si cumple con su único objetivo, divertir a las butacas, también se le puede llamar cine. Al menos ese criterio lógico parece seguir la Academia.
Bien, pues Madame Web pertenece a los de segunda clase, el cine de rango secundario, maltrecho. Sí, es cine de superhéroes: para niños, gente aburrida, desviada, poco interesante y nada culta. Pero entretiene, conque… jaque mate.
Vayan al cine a verla. Sepan que es la mejor manera de conocer una película. De nada sirve hacer match con el filme a través del Tinder que son las críticas. Conviene averiguarla en persona.
Madame Web intuía este percalazo en su contra y de parte de esa sociedad secreta que sigue sin considerar cine al cine de superhéroes. Sabía de su existencia y aun así ha decidido estrenarse sin importarle un ápice, con transparencia, tal y como es: rebelde e inmarcesible. Con sus defectos y sus puntos más fuertes. Ay… Ahora pienso, incluso, que esta crítica Madame Web también la había visto venir.