Dirigida por Park Chan-wook (Oldboy, La doncella) y protagonizada por Lee Byung-hun, No hay otra opción llegará a los cines españoles el 13 de febrero con un aval imponente: nominación al Globo de Oro a Mejor Película de Comedia o Musical, representante de Corea del Sur para los Oscar y estreno en festivales como Venecia y Londres. Sobre el papel, todo encajaba para convertirse en uno de los títulos imprescindibles del cine surcoreano reciente. En la práctica, las expectativas no se cumplen.
Basada en la novela El hacha de Donald E. Westlake, la película sigue a Man-su, un trabajador ejemplar despedido tras 25 años en una empresa papelera. Lo que comienza como un relato sobre la precariedad, la humillación laboral y la pérdida de estatus se va transformando progresivamente en un thriller oscuro, con tintes de sátira social, que explora hasta dónde puede llegar un hombre cuando siente que ya no tiene nada que perder.
Lee Byung-hun (El juego del calamar) sostiene el relato con una interpretación contenida y progresiva, mostrando la erosión psicológica de un personaje atrapado entre el orgullo y la desesperación. A su lado, Son Ye-jin compone a Miri, una esposa fuerte y pragmática, capaz de ofrecer apoyo emocional sin perder de vista la crudeza de la realidad económica. El reparto secundario —Park Hee-soon, Lee Sung-min, Yeom Hye-ran o Yoo Yeon-seok— refuerza el retrato de una sociedad golpeada por la inestabilidad laboral.
Sin embargo, No hay otra opción tropieza en su desarrollo. Con 2 horas y 19 minutos, el filme se alarga innecesariamente y pierde tensión en varios tramos, haciendo que se vuelva denso y repetitivo. La etiqueta de comedia es discutible: el humor negro es puntual y no termina de integrarse.
Park Chan-wook mantiene su interés por los personajes al límite, pero aquí la puesta en escena no compensa, la historia avanza con dificultad y no termina de justificar su duración. El resultado: una propuesta con ideas interesantes, que promete más de lo que finalmente ofrece.