Después de muchos años, tocó decir adiós a una de las mejores series de los últimos años. Pero, ¿tuvo Stranger Things un final a la altura?
El 1 de enero de 2026 (31 de diciembre de 2025, en algunos puntos), será recordado por muchos, por el episodio final de Stranger Things, un capítulo que ha marcado la despedida definitiva de unos personajes que nos ha acompañado durante una década.
La quinta temporada de Stranger Things ha sido todo un éxito para la gigante de streaming, pero también la más dispar entre críticos, audiencia y fans. Muchos están divididos por cómo han llevado la última temporada, o el estiramiento de tramas para llegar al clímax final, donde si es verdad que hay algunas escenas de relleno que sobran.
Aunque solo hay que fijarse en las estadísticas para darnos cuenta de que Stranger Things es una serie histórica para Netflix y para todo el mundo. La quinta y última temporada ha sacudido por completo el mundo del streaming, pues desde que se estrenó la temporada 5, sus visionados se han triplicado, alcanzando millones de hogares. Una expectación rara vez conseguida en la televisión en los tiempos que corren. El programa creado por los hermanos Duffer, colocó a todas sus temporadas en el mismo Top 10 global de la plataforma, un récord nunca antes visto. Pero si miramos al mundo de las redes sociales, Stranger Things ha dominado por completo en la conversación mundial, siendo tendencia desde que se estrenó la última temporada, sobre todo de cara a su cierre definitivo.
Con el cierre de las series, siempre hay luces y sombras, pues en los finales es muy difícil contentar a todo el mundo, ya sea por las expectativas o por diversos temas objetivos o subjetivos. Muchos piensan que el final de la serie es consecuente con todo lo que se ha ido presentando desde el primer capítulo, teniendo un final emotivo donde todas las emociones se ponen en jaque, porque sientes que no solo es la despedida de una serie, sino el adiós definitivo de los actores a sus respectivos personajes. Otros, sin embargo, opinan diferente, y tampoco pasa nada, pero lo realmente importante, es que los hermanos Duffer han sabido tratar bien a todos sus personajes principales, cada uno ha tenido un cierre digno y eso es de agradecer.

Los fans tenían miedo de que después de una temporada algo irregular, el final iba a ser desastroso, recordando lo que ocurrió con Juego de Tronos, pero nada más lejos de la realidad. ¿Que el final no es perfecto? Pues no, no lo es, pero sí que es justo lo que se espera de una serie que nunca ha abogado por la espectacularidad en sus escenas de acción, o que se ha pasado en su fase fantástica; su historia siempre se ha centrado en la decisión de sus personajes, en la relación entre ellos y en la batalla básica y clásica de malos contra buenos. ¿Qué tenían que haber arriesgado un poco más? Puede ser, pero Stranger Things siempre se trató de golpear fuerte en lo emocional y eso siempre lo ha conseguido, tanto con despedidas de algunos personajes, como sin ellas.
A veces, antes de criticar una serie porque sea tendencia, nos hace olvidar todo el contexto que la rodea. Solo hay que pararse a pensar. Stranger Things. Serie ambientada en los 80. Hay que comprender la época, el estilo de vida y la importancia del pensamiento de la sociedad en esos años. En una época en la que era muy difícil ser como tú querías de verdad, en que ser friki estaba mal visto, en que los niños que se refugiaban en juegos de mesa, eran los raritos. Tenías que ser popular, de lo contrario, pasabas a ser un marginado, un nerd. Y lo fuerte, es que eso sigue a pasando a día de hoy, cada día en menor medida, pero sigue pasando. Y aquí entramos en el concepto de serie refugio.
Muchos fans de la serie han escrito como una “carta de despedida”, para el show, y me he asombrado yo mismo, cuando muchos de ellos han dicho, que Stranger Things les ha salvado en diversas ocasiones, que por mucho que vieran la serie solos o acompañados, siempre sabían que tenían un personaje que les representaba, porque Will, Dustin, Max, Mike, Lucas u Once (Ce, para los amigos) no son solo unos personajes, se han convertido en figuras generacionales, y eso será la serie a partir de ahora: una serie generacional que sirve de refugio para todos aquellos que en algún momento se han sentido repudiados, por ser diferentes, por ser los raritos de su grupo, por no encajar en la sociedad. Ahora siempre tendréis un refugio, y ese escondite, ese lugar, se llama Stranger Things.
¿Tiene Stranger Things un final a la altura después de tantos años? Para mí la respuesta es sí. Solo hay que ver ese epílogo, donde nuestros niños (aunque ya no tan niños) están en la mesa jugando en el sótano de los Wheeler, lugar donde todo empezó. Como si nada hubiera pasado, pero llenos de cicatrices por dentro, jugando a un juego que los unió para siempre. Pero después de esa escena, tienes otra que te rompe el corazón. Una por la que todos hemos pasado. Se muestra a Mike mirando con emoción como ahora su hermana y sus amigos, toman el relevo de lo que un día fueron ellos, nuestros protagonistas, jugando en esa mesa. Un relevo generacional en el cual no solo se refleja un final de ciclo, sino que es el cambio real que haces de la niñez a la adultez, que conecta directamente con los que vieron la serie siendo niños y la han terminado siendo adultos.

La serie no habla solo de monstruos, portales o finales del mundo, habla de crecer y de aprender a soltar. De entender que no todo lo que amamos nos pertenece para siempre, pero sí puede continuar sin nosotros. Esa escena es una despedida sin lágrimas fáciles, una forma adulta de decir adiós a la infancia, a Hawkins tal y como la conocíamos, y a nosotros mismos hace casi diez años.
Porque todos fuimos Mike, Will, Dustin o Lucas alguna vez. Todos tuvimos un grupo, un lugar, una historia que parecía eterna. Y el final de Stranger Things no intenta engañarnos fingiendo que nada termina. Al contrario, nos mira de frente y nos dice que los ciclos se cierran, pero lo importante es que algo quede encendido. Un juego, una mesa o una habitación. El relevo no es una derrota, es una victoria silenciosa. La prueba de que, pese a todo, el mundo sigue girando.
Y cuando la pantalla se va a negro, no queda vacío. Queda gratitud. Queda la sensación de haber acompañado a estos personajes hasta el final correcto, el honesto. Stranger Things no se despide con fuegos artificiales, se despide con memoria, con corazón y con la certeza de que Hawkins nunca fue solo un pueblo, fue un lugar al que volver. Incluso cuando ya no podemos hacerlo.