La feria de Ciudad Real olía a algodón de azúcar hasta que pasada la medianoche el aire se impregnó de otra cosa: canciones que desde hace más de veinte años nos acompañan en la radio al regreso de unas vacaciones, que han sido banda sonora de nuestras victorias y sostén en los días de simple supervivencia.
En el escenario, Eva Amaral y Juan Aguirre hicieron lo que mejor saben: detener el tiempo. Y de pronto, lo que era un jueves cualquiera de agosto se convirtió en un suspiro colectivo difícil de olvidar.
“Hacía muchísimo tiempo que no veníamos por aquí y la diferencia es que ahora no podemos ir a los coches de choque”, bromeaba Aguirre al poco de arrancar el concierto, desatando una ovación que se sintió como el abrazo a un viejo amigo. Eva tomó el relevo poco después: “Vaya recibimiento increíble que nos habéis dado, qué chute de energía”, a lo que el público respondía eufórico, coreando su nombre.
El concierto fue un viaje en dos direcciones: hacia atrás, con clásicos como Sin ti no soy nada, Cómo hablar, Días de verano, Marta, Sebas, Guille y los demás y hacia nuevos horizontes con la presentación de su disco Dolce Vita.
Eva, vestida de rojo tras un cambio de vestuario, protagonizó la imagen de la noche cuando literalmente voló sobre el escenario, y por un momento sentimos que también nosotros podíamos flotar.

Hubo tiempo para la emoción contenida: con Los demonios del fuego homenajearon a los bomberos que han arriesgado su vida frente a los incendios de las últimas semanas; Tardes, del primer álbum, fue un guiño a los que han crecido con ellos. También hubo rock con Hacia lo salvaje y Revolución, intensidad en Resurrección y canciones que nos hicieron llorar en silencio como Salir corriendo.
Cuando el concierto terminó y las luces se apagaron, nadie se movió, Ciudad Real estaba completamente rendida a los pies de la banda. Y es que esa noche, Amaral no solo tocó canciones: nos recordó que seguimos aquí, que seguimos sintiendo, soñando, y que, a veces, solo hace falta un buen concierto para que todo vuelva a tener sentido.