Siguiendo los pasos de Rosario Flores, que la rescató en 2008, el cantautor barcelonés JERE se lanza a traer de vuelta al presente la balada setentera de Chico Novarro, ‘Algo Contigo’. Este tema inmortal y apasionado se alza como una carta de romance auténtico, con mucha poesía, alma, y, a partes iguales, descaro arrebatador, que alcanza nuevas dimensiones con los acordes y la voz del cantautor catalán, esta vez al ritmo del pop-rock más indie, marca de la casa.

En 1976, el compositor argentino de boleros, Chico Novarro, escribió unas líneas de puro amor y las convirtió en una preciosa e inolvidable melodía de marcha lenta. Con completa sinceridad y esa pasión que solo podría emanar de una mente bien tocada por la diosa del amor, Algo Contigo se mostraba sincera, lanzada, desnuda en sentimientos y completamente arrebatadora. Bernardo Mitnik, que así se llamaba realmente, dotó de alma a la belleza del amor evidente, pero inconfesado, que mezcla claridad, con interrogantes y confesiones arrebatadoras, con deseo contenido. Hace 16 años, la flamenca Rosario Flores rescataba esta pieza magistral del cantautor argentino para transformarla en balada flamenca, que realzaba al son de las palmas, la pureza sonora y la pasión de la belleza acústica de la hija de Lolita, leyenda del flamenco, la lírica de Novarro.

Ahora, en 2025, el barcelonés JERE, que destaca por su estilo revulsivo del indie nacional, trae de vuelta aquellas letras por las que pasearon Novarro y Rosario para darle una completa vuelta de tuerca sin renunciar al espíritu de lo que la mente del hispanoamericano creó en los años setenta. Siguiendo, con total fidelidad, la poética obra, JERE ha convertido Algo Contigo en un animado tema que evoca, sin dejar de marcar el paso en la innovación y la personalización musical, a las mejores melodías de Estopa o Triana. Esto es, buen rollo, y romance lento tornado en ritmos rápidos cargados de marcha preparados para ser bailados sin freno. Y no es poca cosa: convertir una leyenda del bolero en una pieza completamente nueva sin abandonar su esencia no es tarea sencilla. Sin embargo, el catalán lo logra con gran autenticidad y maestría, con un lanzamiento y arrojo que da, como resultado, una pieza completamente nueva (pero reconocible por muchos) que podrá escucharse a partir del viernes 27 de junio. La Cueva como productora y bajo el sello discográfico Laca Producciones

Después de los éxitos de JERE, consolidados tras el lanzamiento de su último álbum, Cafeína —recogiendo sus últimos pasos en sus andanzas por el indie y su constante reinvención—, que ya ha hecho su ronda de paso en diversos festivales en Huesca, Barcelona, Lorca y Ciudad Real, este último tema se convertirá en la reconstrucción de uno de los temas que marcaron a la generación de los años 70. Esta vez bajo los acordes de su ritmo personal, festivo y evocativo de las mejores bandas a la zaga del pop y el rock españoles. Con efecto completamente metamórfico, la sentida pieza romántica de Novarro regresará, una vez más, a la puerta de la nostalgia de los españoles que, oirán la versión setentera o la de Rosario —antes o no— podrán encontrarse con una de las baladas románticas más puras de vuelta al panorama contemporáneo. Una oda a la nostalgia, al recuerdo de quienes la pudieron bailar, de la mano de un barcelonés que hace dieciocho años se lanzó, como quien salta a la piscina desde el trampolín sin mirar atrás, con total arrojo y pasión al movidito mundo del pop indie.

Con muchísima marcha, merecerá la pena escuchar de nuevo la arrebatadora, directa y reconocible apertura lírica «¿Hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo?». Toda una declaración de intenciones que ha sobrevivido al paso de los años, y que, saltará desde la mano de Novarro casi medio siglo después transformada en la magia de la guitarra y voz de JERE.

Por Daniel Caballero de Paz

Cuando me regalaron mi primera libreta, no pude evitar llenarla de garabatos. Ahora hago lo mismo con los procesadores de texto, que ocupan menos espacio y no gastan papel. Si el día tuviese más de veinticuatro horas, seguramente ya habría visto todas las películas rodadas y por rodar y leído todos los libros escritos y por escribir. Ya ven, la gracia del tiempo. Que le toca a uno elegir qué es lo que va a hacer después.

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