Dolby Atmos

El pasado viernes, la Academia de Cine acogió la charla «La importancia del sonido en la experiencia cinematográfica», un encuentro en el que varios expertos del sector compartieron su visión sobre el papel del sonido en el cine, con especial atención al desarrollo de la tecnología Dolby Atmos

Pese a su relevancia, el sonido suele ser el gran olvidado del cine. La popular expresión «una imagen vale más que mil palabras» parece haber calado también en la industria audiovisual, relegando el apartado sonoro a segundo plano. Sin embargo, es precisamente el sonido el elemento decisivo para determinar la calidad de una película. Basta con imaginar un diálogo ininteligible entre los protagonistas, o ver una escena de acción sin una banda sonora que la acompañe. El espectador tendría la sensación de que falta algo, e incluso les sacaría fuera del contexto de la historia.

Con el paso del tiempo y el avance de la tecnología, se han ido desarrollando mejores técnicas a la hora de trabajar con el sonido: desde la calidad de grabación y edición hasta una adaptación de escucha a los diferentes dispositivos. En el ámbito de las salas de cine, llevamos desde 2012 con la incorporación del sistema Dolby Atmos, que revolucionó la experiencia sonora en la gran pantalla.

Para entender la evolución de los sistemas de sonido, conviene repasar brevemente cómo hemos llegado hasta este punto. Los sistemas más básicos comienzan con el mono, en los que todo el audio se reproduce desde un punto, y el estéreo, que permiten sentir los sonidos desde dos canales: derecha o izquierda.

Más adelante, se desarrollaron los sistemas 5.1 y 7.1, que supusieron un salto cualitativo. En el 5.1, el sonido se reparte entre cinco canales: frontal izquierdo, frontal derecho, central, y dos altavoces envolventes (surround), colocados a los lados. El «.1» hace referencia al subwoofer, encargado de reproducir sonidos graves. Como el oído humano le cuesta más identificar la procedencia de los graves —en comparación con los agudos—, el subwoofer se considera un sonido que carece de direccionalidad, lo que explica su designación independiente.

La evolución al 7.1, añadió dos canales más en la parte trasera de la sala, generando una experiencia envolvente aún más inmersiva. Sin embargo, fue con Dolby Atmos cuando se ha logrado dar un paso más allá:

Como explicó Ricardo Viñas, consultor senior de sonido en Dolby, la clave del sistema Dolby Atmos —introducido por primera vez en 2012— es que no funciona por canales, como lo hacen los sistemas 5.1 o 7.1, sino que emplea objetos de audio colocados en un espacio tridimensional. Cada uno de estos objetos (una puerta cerrándose, la voz de un personaje o el motor de un helicóptero) se posiciona en el espacio fílmico mediante metadatos que determinan sus coordenadas exactas. Esto permite que el sonido se mueva de forma libre en cualquier dirección… incluso por encima del espectador.

Y sí, cuando hablamos de «por encima» es porque el sistema Atmos incorpora altavoces en el techo de las salas. Estos no tienen la misma apertura en la parte superior que en la inferior, sino que tienen un diseño que juega con la física del sonido para llegar con mayor precisión a todos los puntos de la sala. Además, Dolby Atmos amplía de forma significativa el rango de sonido: los silencios son mucho más profundos y los contrastes con los picos de volumen con mucho más intensos. Actualmente, se está trabajando para que, sin importar en qué butaca te sientes, todos los espectadores puedan recibir el sonido con la máxima calidad.

Ahora bien, no solo el sistema de altavoces marcan la diferencia. La revolución empieza mucho antes, en la sala de edición. Si antes se contaba con apenas una veintena de pistas simultáneas, hoy en día un proyecto profesional puede llegar a tener 400 pistas. Esto abre la puerta a una precisión de edición nunca vista: a cada elemento se le puede agregar detalles únicos para afinar la calidad del producto final al máximo.

Y aún más: el cuidado del sonido empieza incluso antes de la grabación. Cada vez es más común que los guiones incluyan indicaciones específicas sobre el espacio sonoro de las escenas, e incluso sugerencias sobre efectos relevantes o elementos clave para la narrativa. Vanessa Garde, compositora de cine y televisión —con participación en películas como Venus u Ocho Apellidos Marroquís— subrayó durante la charla que componer la banda sonora no solo es crear una melodía, sino comprender la narrativa y crear piezas musicales que enriquezcan la historia para introducir al espectador de lleno en la película.

Dolby Atmos es una tecnología cada vez más presente en las salas de cine del mundo. Y en este ámbito, España tiene mucho que celebrar: es el sexto país del mundo con más salas de cine con Dolby (casi 200), pero el primero en proporción por complejo. Esto no solo facilita el acceso al público, sino que también abre la puerta a que las producciones españolas puedan exponerse en las mejores condiciones técnicas, sin quedar relegadas frente a las grandes producciones de Hollywood.

Además, contar con salas preparadas para este tipo de sonido es un buen incentivo para que más producciones nacionales se mastericen en Dolby Atmos, aumentando así sus posibilidades de acercarse a las grandes pantallas internacionales.

¿Y qué futuro le espera a la tecnología Dolby Atmos? Todo indica a que las miradas están puestas en sacar Atmos del cine y acercarla a la vida cotidiana del público: en equipos de sonidos de coches, en casas o en cascos. Pero, sin duda, disfrutar de una película en el cine seguirá siendo una experiencia única y especial, un momento de disfrutar del arte, así como de la habilidad de tantos profesionales que trabajan para crear obras tan trascendentales.

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