«En la escuela siempre fue un personaje que todos mis maestros me decían que debía hacer»
Rubén Ochandiano presenta su nueva obra ‘Kostya (el hombre que quiso)’ en el Teatro del Barrio en Madrid. En ella, el actor hace una reinterpretación contemporánea de Konstantín Gavrílovich, personaje de la clásica obra rusa ‘La Gaviota’ de Antón Chéjov. Ochandiano se imagina que habría ocurrido si Kostya hubiese sobrevivido al intento de suicidio que termina con su vida. De esta manera, se sitúa 20 años después del suceso original escrito por Chéjov, y nos muestra a un Kostya que tiene que lidiar con la soledad y enfrentarse a las secuelas de sus sueños y aspiraciones no logradas.
Así, la obra explora y reflexiona a través del personaje de Kostya sobre el amor, la soledad, la vocación, el arte, el fracaso, las imágenes que los demás tienen de nosotros y las que nosotros tenemos de los demás, y un largo etcétera.
Pregunta: ¿Qué te llevó a imaginar un futuro alternativo para Konstantín Gavrílovich, el protagonista de ‘La Gaviota’ de Chéjov?
Respuesta: El amor que siento hacia la obra de Chéjov, hacia ‘La Gaviota’ en concreto y mis ganas de volver a estar en contacto con ese material.
En 2011, yo dirigí ‘La Gaviota’ y después he intentado dirigir otras obras de Chéjov, pero resulta muy complicado porque son obras con muchos personajes y por lo general los teatros, incluso los públicos, tienen dificultades para abordar montajes tan grandes.
En el devenir de estos años, comencé a imaginar esta idea y me pareció atractiva de desarrollar, y ahí empezó todo.
P: En esta obra asumes los roles de autor, director, productor e intérprete, ¿cómo ha sido el proceso de crear esto desde cero asumiendo tantas responsabilidades?
R: Solitario. Es verdad que cuando por fin ha cogido forma es cuando han aparecido las personas, los cómplices necesarios para que esto se pueda llevar a cabo, pero es verdad que en algunos momentos se hace cuesta arriba. La mejor forma de ponértelo a favor es recordar que esta elección de llevar a cabo el guion y todos esos roles lo que me ofrece a cambio es una enorme y casi absoluta libertad de decisión y eso en muchos momentos también es muy gratificante.

P: ¿Alguna persona que te haya ayudado especialmente en este proceso o que te haya servido de inspiración y quieras destacar?
R: No son muchas las personas que han estado implicadas, pero todos ellos han sido momentos bisagra a la hora de construir el espectáculo, porque sin ellos hubiera sido imposible. Desde Fran Ávila, el distribuidor que nos puso en contacto con Teatro del Barrio y que se encargó de que esto se pudiera estrenar ahí y de asumir una posible y probable gira, a mi madre, que se pasó las navidades ayudándome a pasar el texto. Mónica Regueiro, que es la persona que se ha encargado de todos los asuntos legales y la traducción. Y, por último, Jano Sanvicente que es el ayudante de dirección y ha sido una pieza clave.
P: ¿Qué desafíos has enfrentado al reinterpretar un personaje clásico como Kostya y situarlo veinte años después de los eventos originales de ‘La Gaviota’?
R: No creo que existan desafíos en concreto por el hecho de ser el personaje que es. De hecho, hasta que no existió una partitura bastante concreta de la pieza en mi cabeza no me senté a darle forma. Los desafíos aparecen después, cuando te tienes que enfrentar a todas las vicisitudes más prácticas, como a los conflictos prosaicos para que esto salga adelante. Pero para mí, ponerme en contacto con este personaje y con este material es todo el rato gustoso.
P: ¿Te sientes conectado de alguna manera con este personaje?
R: Bueno, yo ya tengo edad y probablemente una mirada hacia la vida que esta con un pie más en Trigorin, que es digamos su némesis. Pero sí, en la escuela siempre fue un personaje que todos mis maestros me decían que debía hacer. Digamos que de alguna manera hay algo en él y en lo que yo he sido, en mi actor o en mi personaje social, que están muy cerca.

P: A lo largo de la obra hay momentos en los que se mezclan Rubén y Kostya ¿qué consideras que tenéis en común y que es lo que os diferencia?
R: Pues tenemos en común creo que cierta dificultad para encajar en lo establecido, y cierta sensibilidad a flor de piel, pero sobre todo lo que nos diferencia es que así como en la escena, en el territorio dramático los conflictos cuanto más grandes y difíciles de resolver más interesantes son. Uno en la vida toma la decisión, o por lo menos yo, de sanar, de reconciliarme conmigo mismo y con el mundo. Afortunadamente, he encontrado una manera de seguir.
P: ¿Te has inspirado en la oración que dice el tío de Kostya en ‘La Gaviota’ para dar nombre a esta obra?
R: Eso es cierto, si. Durante la función hay mucha parte de texto mío, pero hay muchos momentos del texto que son textos de la obra original de los que Kostya se adueña. Efectivamente, hay un momento en la obra original que el tío, que es digamos el personaje que le ofrece afecto y cobijo a Kostya dice “el hombre que quiso”, y ahora que Kostya es un hombre de mediana edad lo dice él.
P: ¿Cómo podemos ver representado el título de la obra ‘el hombre que quiso’ en la obra?
R: En esta función Kostya es un personaje de 45 años y hace referencia a todas las heridas que se le fueron haciendo desde el momento de su juventud a su presente actual. No quiero hacer mucho spoiler, al final él reflexiona sobre todas las cosas que se le escaparon.

P: ¿Por qué decidiste utilizar video proyecciones para contar ciertas cosas en vez de usar algún otro recurso?
R: Yo no soy nada fan de las proyecciones en teatro, no me gustan nada en general, pero en este caso me di cuenta de que me servían para contar. Sobre todo no me gustan porque en muchas ocasiones creo que se alejan mucho del acto teatral, restan poesía, pero aquí me permitían acentuar el carácter precisamente chejoviano del asunto al poder leer las réplicas que les da la madre, o el Centro Dramático Nacional, o los personajes que le llaman, no escuchar una voz sino imaginar la voz que nosotros queramos dar. Y me servía también para proyectar la imagen para que la gente que no conociera el texto original se hiciesen rápidamente una imagen de quienes son los personajes de los que él está hablando a la hora de referenciar esos personajes con figuras reconocibles del presente.
P: La obra tiene una gran carga emotiva ¿Hay algún momento que te cueste interpretar más, ya sea por complejidad o una cuestión sentimental?
R: Para mi está siendo un tremendo y gozosísimo aprendizaje hacer esta función porque hay muchos momentos que a pesar de disfrutarlos me imponen cierto respeto. Vi una entrevista de un actor que me gusta especialmente y al que he tenido ocasión de ver en teatro en Londres, que es Andrew Garfield, y el decía que tenía noches en las que decía “es que no lo se hacer, no se como voy a salir del paso” y que en esos momentos lo mejor que puede hacer uno es no pensar, tratar de abrir el instrumento, tratar de abrirse en canal en relación a cómo uno es como actor y permitir que las cosas ocurran casi de manera involuntaria. A mi eso me sonaba un poco demasiado intangible, un poco pensamiento mágico, pero para mí está siendo todo un aprendizaje abrirme a esa zona menos racional. Esta función me lleva a habitar zonas emocionales que me están haciendo mucho bien.
P: ¿Qué idea o reflexión esperas o te gustaría que el público se llevase a casa después de ver la obra?
R: Es un lugar común y es un cliché pero creo que el arte no tiene que presentar respuesta, sino abrir la cabeza y el corazón para que uno se haga preguntas o se le mueva el suelo. No me gustaría condicionar acerca de lo que me gustaría que sintieran o pensaran, lo único que me pasa es que me gustaría que la disfrutaran, que salieran movilizados, que salieran más vivos, más presentes.
P: ¿Tienes algún proyecto futuro en mente después de ‘Kostya (el hombre que quiso)’?
R: Tengo muchos, pero así concretos este año estreno cuatro películas, porque a veces pasa que uno las rueda y por tiempos de estrenos coinciden en el calendario. Aunque son películas rodadas durante 2022, 2023 y 2024 se estrenan las cuatro este año. La primera se estrena la semana que viene, el 21 de febrero, que se llama Daniela Forever, es una película de Nacho Vigalondo, y luego a lo largo del año las otras tres. Vinculado con el teatro, tengo un proyecto para dirigir un espectáculo en Nave 10 de Matadero, en la temporada que viene.
P: Por último, si tuvieras que definir la obra en una palabra, cuál sería?
R: Te puedo dar tres conceptos que no son míos y cuando me los contaron a mí me gustaron y me hicieron ilusión. El distribuidor de la función cuando vino al estreno me dijo que el cartel era horrible, y estoy de acuerdo, porque es serio, solemne, antiguo, lleva una cosa que no es, y me dijo que la función en cambio es muy luminosa, muy vibrante y sexy y pensé que me encantan como conceptos.