La cinta de Giórgos Lánthimos recibió hasta once nominaciones para los Óscar y se coloca a la cabeza de la taquilla de nuestro país. Este éxito, sin embargo, no es casualidad

Lo incómodo siempre llama la atención. Aquello que nos irrita, nos perturba o contraria nuestras expectativas resulta siempre inevitablemente atractivo. Esto no convierte automáticamente lo incómodo en algo bueno — es, de hecho, muchas veces innecesario o decepcionante. Este año, La sociedad de la nieve ya nos hacía apartar la mirada en ciertas secuencias (como la del accidente, u otras más adelante) por su nivel de explícita visceralidad. Pobres criaturas es también incomoda. Sin embargo, no son muchas las obras que recurren a este recurso como un reclamo para llamar la atención del espectador. Tampoco lo hizo Bayona en ningún momento. Ni lo hace Lánthimos en Pobres criaturas.

El filme del realizador griego no necesita venderse como una obra incómoda. La presencia estelar de una Emma Stone totalmente barroca, los oníricos espacios urbanos o surrealistas paisajes, la alternancia entre colores penetrantes y el blanco y negro, la tan reconocible lente de ojo de pez de Giórgos… Todo esto solamente en tráileres y teasers. En la sala nos espera el resto.

Pobres criaturas no es solamente incómoda. Es una de las obras más tremendamente vanguardistas que se han estrenado en los últimos años. Y es que ya sabíamos desde hace tiempo que Giórgos Lánthimos era un genio, pero por si acaso nos sembraba la duda, lo ha vuelto a confirmar. La excentricidad del relato adaptado de la novela homónima de Alasdair Gray en ningún momento resulta artificiosa o vulgar, al contrario. El mundo de Bella Baxter es absolutamente magnético a todos los niveles. Lo bizarro o lo fuera de lugar es lo natural durante las más de dos horas que dura la cinta, y el espectador lo interioriza desde el minuto uno de metraje.

Los espacios donde se desarrolla la suerte de odisea de Bella, desde lo victoriano a lo steampunk se sienten perfectamente adecuados al foco de la historia. Estos vienen además acompañados de un diseño de arte abrumador y detallista hasta el infinito, o de un vestuario de escándalo — a destacar los conjuntos que luce Bella durante toda la obra, en los cuales se juega con las mangas grandes o las figuras sinuosas de las prendas, o donde se exploran todo tipo de inusuales texturas como el duvet o el látex. Es difícil hacerlo tan bien.

Pero, vuelta a lo incómodo. La película es incómoda. Y mucho. Desde los primeros compases de la historia asoman detalles que ya llaman la atención de lo que está por venir, pero una vez se desata la fiesta es un no parar. Sin entrar en demasiados detalles, Pobres criaturas suscita quejidos, asqueos e incluso algún que otro gritillo en el espectador. Llegado cierto punto de la obra, todos estos murmullos acaban transformándose en risas: quizás de ironía, o quizás de hastío. Pero, lo cierto es, que la película es excesiva. No ayuda tampoco que la mirada del director durante gran parte del filme sea profundamente misógina. Aunque, ¿no es de la mirada sobre lo que trata este relato?

Lo que está claro es que Pobres criaturas plantea muchas cosas. Son estas preguntas incómodas que nos obliga a hacernos el relato, las que suscitan el debate y lo polémico del mismo. No se puede hablar de la violencia y del deseo de la manera en que lo hace esta película sin provocar descontentos. ¿Sería lo mismo la obra sin esos excesos, esa incomodidad y esas cuestiones? Quién sabe. La cosa es que más de doscientos años después, el monstruo de Frankenstein ha revivido otra vez. Y lo ha hecho más que fielmente, pues ha suscitado la misma polémica que la que suscitó la criatura original de Mary Shelley allá por el siglo XIX. Podemos decir que no hemos avanzado tanto. Al fin y al cabo, seguimos siendo las mismas pobres criaturas de siempre.

Por Nicolás Agudo Rezusta

Cine, series y audiovisual en general. También música, historia o sociedad. Pero sobre todo cine, mucho cine.

Descubre más desde 22 minutos con

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo